Ernesto Álvarez Miranda

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Votar para tener un peor Congreso (2)

A diferencia del Ejecutivo, que usualmente es manejado por un solo grupo político y, por tanto, expresa solo una visión de país, el Poder Legislativo recoge las principales corrientes de opinión que existen en la sociedad, no tiene un programa sino que escucha, debate y acuerda en cada ocasión una decisión, entre todos los representantes elegidos por diferentes grupos y tendencias de electores; así, un Congreso refleja la pluralidad política de un país. Una consecuencia negativa de esto consiste en que mientras los gobiernos tienen la posibilidad de decidir y ejecutar las medidas que el humor popular desea, los congresos aparentan entretenerse en interminables debates antes de tomar una decisión, que por supuesto no ejecutarán, perdiendo así la oportunidad de parecer eficientes. Lo suyo no es ejecutar sino representar.

Por eso es importante para los congresos ser efectivos intermediarios de las tendencias e intereses de sus electores y, al mismo tiempo, exhibir calidad y altura en los debates parlamentarios, permitiendo que el ciudadano común se identifique con una u otra posición. Como el lector ya habrá comprendido, todo esto depende de que las agrupaciones políticas recluten candidatos adecuados en cada distrito electoral, regiones, en el Perú.

El problema surge cuando las reglas electorales hacen más fácil candidatear por listas ‘independientes’ o agrupaciones temporales, sin mayor programa que el carisma o el dinero de su caudillo; los partidos políticos, que cargan con pesadas obligaciones y requisitos, deben contentarse con reclutar en sus listas a pequeños líderes locales, sin mayor formación ni identificación programática, pero que pueden pagar sus campañas electorales. Eso explica que tan solo el 20 % de parlamentarios logren su reelección y que ninguna mayoría haya logrado repetir el resultado en las siguientes elecciones.

Queda claro que la reelección no es el problema, es exactamente lo contrario, la crisis reside en la falta de solidez y capacidad política de las personas que logran su elección, las que solo se adquieren durante una trayectoria pública o partidaria. Sería inaudito que la intención sea debilitar aún más al Congreso, arrebatándole ese pequeño grupo de parlamentarios que logran la reelección porque, en su mismo partido o habiendo cambiando de partido, sí logran hacer sentir a sus electores que los están representando en los debates y decisiones. Sean de izquierda o de derecha, los parlamentarios con experiencia no tienen reemplazo en un país carente de una verdadera élite política, indispensable para el fortalecimiento de la democracia representativa.





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