Hay momentos en la vida de los pueblos cuando urge recordar que la moral individual y colectiva consiste en diferenciar entre el bien creativo y el mal destructor; y a partir de esta precisión resulta inevitable adoptar drásticas medidas correctivas que impidan el derrumbe del Estado social y constitucional de Derecho.
Hoy resulta imposible no denunciar que el mal está encarnado en la dictadura de Vizcarra por múltiples evidencias: desde el golpe de Estado de septiembre basado en insostenibles argucias pseudo constitucionales, hasta el pago de 524 millones de soles a la corrupta Odebrecht, a consecuencia de una decisión fiscal – gubernamental entreguista y vendepatria.

A ello se suma el escandaloso pago de 133 cheques por un total de unos 42 millones de soles, en un solo día, a una constructora que ni siquiera había puesto la primera piedra de un hospital proyectado. Tremendo “pitufeo” fue aprobado por Vizcarra en el último momento de su gestión como presidente regional de Moquegua y ejecutada por el actual ministro de Transportes Edmer Trujillo, quien no tiene la dignidad de renunciar.

El saqueo del Estado pasa también por el inexplicable incremento de la deuda externa: desde que se inició el gobierno de PPK y luego el de Vizcarra, las obligaciones han aumentado en unos US$ 17,000 millones. Tres cuartas partes de esa deuda -que la pagarán hasta nuestros nietos- se derrocha financiando el gasto corriente del presupuesto, el pago de burocracia, un exceso de consultorías y cuestionable compra de bienes y servicios. Apenas un remanente de estos bonos servirían para financiar (nominalmente, porque no se ejecutan) proyectos de inversión pública.

Con descaro, además, acaba de aprobarse un “Decreto de Urgencia” para subsidiar por 26 millones de soles a la cinematografía nacional en un país donde crece la miseria.

Estamos gobernados por una dictadura cuyo equipo estrella es putrefacto: César Villanueva capturado y extrañamente liberado de inmediato; Jorge Meléndez denunciado penalmente y Zulema Tomás denunciada por nepotismo.

Mientras tanto se detiene a militares ladrones de gasolina en un inusual mega operativo que hasta la prensa guaripolera denuncia como oportuna cortina de humo que distraería de los 46 delitos imputados a Vizcarra.

Así se está convirtiendo a la República en un cascarón tan frágil que ni siquiera las elecciones parlamentarias ilegítimas de enero podrán reparar. El mal hay que extirparlo: los corruptos disfrazados de moralizadores no pueden seguir gobernándonos. ¡El pueblo debe reaccionar ya!