Escenario institucional deplorable

Escenario institucional deplorable

Estamos como el cangrejo, remando hacia atrás, cuando tenemos todo para crecer si nuestra institucionalidad estuviera sólidamente constituida, porque grandes proyectos nos sobran, pero están paralizados, especialmente los mineros, la agroexportación aumenta día a día, pero hacemos lo imposible para perturbar los factores de producción; la corrupción nos carcome, ya no en zonas periféricas, sino en la misma médula existencial y funcional; el futuro nos ofrece la posibilidad de ejercer un dominio geopolítico y geoestratégico regional, pero nos esforzamos en hacer difícil el camino, tanto más que no se impulsan obras colaterales que incrementen el potencial de nuestros puertos y aeropuertos para ganar los extraordinarios mercados asiáticos, entre otros.
La consecuencia es obvia. Si tenemos postrado al país, aun contando con una envidiable situación macroeconómica con incremento de nuestras reservas internacionales y solidez monetaria, el costo de vida se encarece día a día y las fuentes de trabajo disminuyen en la misma secuencia, en cuya virtud, la pobreza sigue su vertiginoso crecimiento convirtiendo, cada día que pasa, a más peruanos en pobres camino hacia la extrema pobreza.
En contraposición, si la pobreza se incrementa a niveles de escándalo según las últimas cifras del INEI, la capacidad del Estado para brindar servicios básicos esenciales a la población también disminuye, provocando que la demanda ciudadana por prestaciones de educación, salud, saneamiento urbano, agua, desagüe, luz, integración digital y otros, solamente pueda ser satisfecha para un porcentaje muy bajo, llegándose a descuidar por completo algunos problemas urgentes como el provocado por endemias y pandemias porque ni hay infraestructura, ni personal suficiente y bien capacitado y tampoco medicamentos, vacunas, medidas de prevención con campañas de tomas de muestras de sangre en colegios y vacunación masiva ante los primeros síntomas de los males que se saben que van a sobrevenir, en fin, el ciudadano no ve nada a su favor.
Si a este escenario le agregamos actores institucionales confrontados en una vergonzosa guerra de tierra arrasada, en el cual los actores de ambos bandos aparecen con serios indicios e investigaciones por corrupción y enriquecimiento ilícito, así como la percepción ciudadana de una imagen de instrumentalización de entidades que debían ser el soporte del Estado de Derecho utilizadas para perseguirse los unos a los otros, donde el principio de legalidad se está relativizando peligrosamente, la conclusión pura y simple es que la gobernabilidad del país se ha ido de vacaciones.
Queremos ingresar como país al exclusivo club de la OCDE (Organización Coordinadora del Desarrollo Económico), entidad que exige una institucionalidad consolidada, gobernabilidad y gobernanza con transparencia e integridad, paz social y seguridad jurídica, la situación exige cambios profundos e inmediatos para el reordenamiento nacional.
Sabemos que hace falta coraje y planes concretos, confiables con un sustento de resultados visibles, pero también sabemos que no aparece un líder con esas características.
No olvidemos que cuando una situación envuelta en un parámetro no puede ser solucionada, los parámetros se hacen trizas. Allí están los ejemplos de El Salvador y Ecuador.

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