Escribimos ayer sobre el impresentable Jurado Nacional de Elecciones JNE, investido por la Junta Nacional de Justicia inventada por el miserable Vizcarra para producir un Estado a su imagen y semejanza. Vale decir, aún mucho más autocrático, vulnerable, abusivo y pervertido que el que heredó de Kuczynski, su patrocinador. Por donde se le evalúe, el actual jurado electoral es un aparato politizado, ideologizado, desfachatado; por tanto inconfiable. Desde el origen de sus miembros, digitados por una Junta fruto de un golpe de Estado, hasta el mismo hecho de haber llevado a cabo las elecciones estando incompleta su conformación. Porque de cinco miembros –como manda su ley orgánica- sólo opera con cuatro. Lo hemos dicho muchas de veces. La sola existencia de un JNE imperfecto invalida todo el proceso. Porque incumple lo que dicta la norma; y, consecuentemente, vicia per se sus resoluciones. Desde luego esto lo ven así sólo los países serios, que se precian de respetar el Estado de Derecho y acatar todos los dictados de la Democracia. Por esta razón es que debemos recurrir a la aldea global, para denunciar este hecho –no menor- que enerva la confianza de, al menos, la mitad de los peruanos, quienes votaron por una alternativa política opuesta al marxismo-castrismo-chavismo; aunque una encuesta eleva a 65% la percepción de la sociedad sobre el resultado fraudulento de los comicios; tanto en primera como segunda vuelta.
Explicábamos ayer: “Estamos en medio de la más grande estafa electoral que de la historia contemporánea (…) Y si bien el responsable de organizar los comicios es el Jurado Nacional de Elecciones JNE, en el trámite han intervenido igualmente ONPE y Reniec. Hablamos entonces de una trilogía que ha destruido la confianza nacional fraguando un proceso signado por la trampa organizada”.
Trampa que cada hora es más clara. A diario la gente presenta pruebas que revelarían falsificaciones de firmas, inclusión de personas fallecidas hábiles para votar –y habrían sufragado-, adulteración de firmas de personeros y otros delitos electorales. Estos sólo podrían ser oficialmente corroborados si el JNE pide que la ONPE entregue el padrón electoral. Pero el presidente del Jurado se opone, alegando una verdadera estupidez: “nos tomaría demasiado tiempo”. Señor Salas Arenas. A usted se le remunera para que cumpla las labores que le encargue el Estado a nombre del ciudadano. Si tiene que trabajar veinte horas diarias entonces trabájelas. Como labora la inmensa mayoría de peruanos para vivir. Y si la faena de confrontar cada acta impugnada, observada o lo que fuere le tomase uno, dos o veinte meses, pues tendrá que abocarse a ello, supervisado, naturalmente, por la sociedad peruana a través de aquellos tres canales televisivos del Estado. Porque en usted y en otros dos integrantes del Jurado -Jovian Sanjinez, y Arce Córdova- desconfía la mayoría de peruanos. Distinto a lo que ocurre con el cuarto miembro -Jorge Armando Rodríguez Vélez-, quien viene desempeñando labores quijotescas, dando batalla contra ustedes tres, quienes, terca, ilegítimamente se oponen a transparentar este cuestionado proceso.
El mundo libre acompaña a la sociedad peruana.

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