Se afirma que una persona es pobre cuando no posee las herramientas que le den la capacidad de ofrecer bienes y servicios que tengan valor en el mercado. Pagamos buen dinero al abogado experto para defender una propiedad amenazada o al especialista en sistemas con el objeto de potenciar el internet de la casa; ellos satisfacen sus propias necesidades porque responden con suficiencia a los requerimientos de la comunidad. En cambio, quien no tuvo la posibilidad de educarse, solo puede realizar trabajos escasamente remunerados porque no exigen competencias especiales; lo poco que sabe hacer, lo hacen también muchas otras personas. Es la ley de oferta y demanda.

La educación escolar pública gratuita existe para brindar oportunidades a los niños, para que conquisten la libertad de elegir un proyecto de vida personal, más allá de la simple supervivencia diaria. Mientras mejor es la escuela pública, mayor es la posibilidad de recibir una buena formación que les permita ingresar a una buena universidad o escuela técnica; con capacidades educadas, se rompe el círculo vicioso de la pobreza, que condena a los hijos de los pobres a la misma vida de necesidades insatisfechas que sufrieron sus padres. No se trata que todas las personas tengan igualdad de resultados, pues somos esencialmente diferentes unos de otros; el concepto ideológico del modelo político alemán recogido en nuestra Constitución, es el de promover igualdad de oportunidades.

El problema es que la calidad cuesta dinero. El país no recauda lo suficiente para elevar radicalmente el nivel educativo de toda su escuela pública; con su 70% de economía informal, el Estado no tiene los recursos necesarios. Ante esa realidad, en el segundo gobierno de García se apostó al Colegio Mayor, cuyos profesores son remunerados al nivel de las mejores escuelas privadas y seleccionados por concurso, al igual que los alumnos, quienes postulan desde los pueblos más alejados del territorio con la esperanza de lograr una vacante que les permita recibir una formación de élite. El esfuerzo del Estado y la empresa debe dirigirse a multiplicar los Colegios de Alto Rendimiento en todas las ciudades, desechando la tentación igualitarista de suprimirlos, ya debatida y superada durante el gobierno de Humala.

Las mejores universidades particulares informan que los alumnos provenientes de esos colegios destacan por encima de los egresados de colegios particulares caros. El modelo entonces es exitoso, cumple su propósito, solo hay que mantenerlo y difundirlo. La mayor injusticia sería negar a colegiales inteligentes y estudiosos la oportunidad de recibir una educación de calidad.