Con la aparición de las vacunas para el covid-19 y su minúscula llegada al Perú, se ha puesto una vez más en evidencia el grado de ineficiencia, irresponsabilidad y corrupción del cual son capaces quienes han detentado y hoy detentan el poder en nuestro país.

Pero hay otro virus que impregna al Perú a pocas semanas de las elecciones generales: la existencia de un Jurado Nacional de Elecciones (JNE) integrado por algunos personajes -no todos, felizmente- que han hecho del prevaricato un dogma y del manejo político subjetivo de las normas un estandarte.

Si bien el Pleno del JNE acaba de convalidar las candidaturas de Rafael López Aliaga y George Forsyth para, sin duda, evitar un nuevo escándalo, los fallos que dejaron fuera de carrera de manera fraudulenta e inconstitucional a Perú Nación y otros partidos políticos están ahí registrados para su incorporación a la historia universal de la infamia.

Ya esas resoluciones han manchado de fraude a estos comicios pero lo peligroso e inaceptable es que sus impunes autores siguen en sus cargos restándole al proceso las garantías de transparencia y objetividad que son indispensables para su necesaria y absoluta legitimidad.

La Corte Suprema, tal como ha planteado la Coordinadora Republicana, debe remover a Jorge Luis Salas de la Presidencia del JNE a la brevedad: ya sabemos que su famoso voto “dirimente” le ha permitido hacer y deshacer como le viene en gana, violando las leyes y el precepto constitucional de plena participación ciudadana.

A Salas y su comparsa Sanjinez se suman los miembros del Jurado Electoral de Lima que, como se dice en criollo, realmente se pasaron de vueltas en sus írritos fallos pergeñados de una siniestra intencionalidad antidemocrática y provistos de una supina ignorancia jurídica.

Necesitamos un cambio profundo en el sistema electoral que, en gran medida, ha caído en manos de la corrupción sistémica de la cual rebosa todo el aparato estatal limpiándolo de personajes como el celebérrimo exjefe de la ONPE -ya con proceso- nombrado según parece ad-hoc para inscribir el partido político de José Luna, hoy con prisión domiciliaria pero, de todas formas, candidato al Congreso (suena a burla, ¿no?).

Presidente de Perú Nación-Presidente del Consejo por la Paz