Hay un significativo sector que sigue esperando con ilusión un cambio sustancial en el gobierno.

Aguardan con ansiedad que Pedro Castillo expectore a Íber Maraví, a Guido Bellido y una larga lista de ministros y funcionarios impresentables.

Fijan plazos imaginarios para la ocurrencia y cuando no sucede nada, salvo el imparable avance del comunismo hacia la instauración de una dictadura chavista y el permanente deterioro de la economía, vuelven a señalar otra fecha probable en la que el Espíritu Santo se posará en el sombrero y entonces, lo que sea que contenga ese recipiente, adquirirá inteligencia y decisión, expulsará a senderistas, emerretistas, corruptos e incapaces –es decir, prácticamente a todos- y el Perú será gobernado con sensatez y honestidad.

Ahora, después de frustradas todas las expectativas anteriores, han fijado el 5 de noviembre, cien días del gobierno, como la fecha en que ocurrirá el milagro.

Por supuesto que no sucederá ese prodigio. Entretanto, mientras los cándidos siguen alimentando sus quiméricas expectativas, y convenciendo a los que quieren ser convencidos, los comunistas avanzan impertérritos.

Ahora han dado otro zarpazo controlando los organismos de inteligencia que, como es ampliamente sabido, pueden ser utilizados para espiar, chantajear y desacreditar a los opositores. En la Dirección de Inteligencia del Ministerio del Interior (Digimin) han colocado a Martín Gonzales (a) “Conejo”, un individuo con serios cuestionamientos, que fue denunciado por realizar trabajos sucios para el Lagarto, con quien coordinaba directamente pasando por encima de los ministros y directores de Digimin.

En la Dirección de Inteligencia Nacional (DINI) han puesto a un policía retirado con una hoja de servicios llena de manchas y sin ninguna preparación para el cargo. Y luego han barrido a casi todos los funcionarios de esa dependencia, reemplazándolos con socios políticos de Antauro Humala y, en algunos casos, con amigos o recomendados de personas ajenas al gobierno, para apaciguarlos y evitar críticas.

Pero sin duda, los organismos de inteligencia serán usados más temprano que tarde para los fines políticos del gobierno. Y los cófrades cubanos y venezolanos de Castillo y Vladimir Cerrón sí saben cómo utilizar esas instituciones.

Ellos también siguen avanzando a todo vapor en su objetivo fundamental, instalar una asamblea constituyente para imponer desde allí una dictadura comunista y, de paso, acabar con un Congreso en el que no tienen mayoría y al que de ninguna manera van a tolerar.

También han instalado en el Ministerio de Agricultura una comisión integrada por funcionarios estatales y varias organizaciones fantasmas para preparar la segunda reforma agraria.

En suma, la aplanadora chavista va arrollando todo a su paso, mientras una legión de incautos sigue alentando la esperanza de un prodigio que transforme a los Dinámicos del Centro y a los herederos de Sendero Luminoso y el MRTA en algo parecido a las Misioneras de la Caridad.

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