Hoy amanecemos con nuevas esperanzas e ilusiones, es el primer día de un nuevo año, un año que se fue de manera inusual, singular y extraño…, donde no existió el beso, el abrazo o la dada de mano a la medianoche, que no se bailó, donde la sonrisa no afloró como otros años, que estuvo escondida tras una mascarilla que jamás pensamos utilizar, donde la música dejó de sonar y en donde la algarabía y sonrisas se hicieron silencio, donde los fuegos artificiales no iluminaron el Cielo como otros años, donde las reuniones familiares escasearon por medidas sanitarias.

Amanecemos -gracias a Dios- con lo más íntimo y privado que es la familia, con ese calor de amor y de hogar que calienta los corazones, alegra el alma y nadie podrá apagar.

Esta mañana es motivo de sincera y profunda reflexión, de analizar minuciosamente nuestro proceder y lo que deseamos para nuestra familia, nuestra sociedad y nuestra Patria, como seres pensantes y no manipulados por una prensa que avergüenza.

Ingresamos al año del bicentenario de nuestra Independencia Nacional, al año donde tendremos que ir a las urnas para elegir al primer mandatario de la nación en un abanico de más de una veintena de candidatos y más de 3 mil que pugnan una curul en el Congreso de la República.

Particularmente para mí, ninguno merece nuestro voto, basta hacer un simple análisis de cuántos se han fajado por el país, por el Estado de Derecho, por la institucionalidad, por el respeto y soberanía de los demás poderes del Estado.

El Perú está en crisis y no solo por el coronavirus, está en una crisis política, donde la corrupción campea, los principios y los valores han sido degradados y el propio pueblo perdió la brújula, donde confunde el bien y el mal, que desconoce sus deberes y derechos constitucionales.

Ahora se ha puesto de moda por gente iletrada, pretender cambiar la Constitución Política, creyendo tontamente que con una nueva Carta Magna las cosas cambien; craso error, no es cuestión de cambiar la Ley de leyes, es cuestión de la propia persona, que no revolotee en la corrupción, que exista gente proba, decente y mínimamente instruida, para que tome las riendas del país desde el Ejecutivo hasta el Legislativo, entendiendo que uno es electo para servir a la Patria, al pueblo que confió en determinada persona y no para buscar la prebenda, la inmunidad, el negociado y lucrar del erario nacional, se elige presidente y congresistas, no a delincuentes políticos.

Necesitamos una organización política con una ideología definida y no una organización política criminal; basta recordar que todos los expresidentes tienen deudas con la justicia, desde Toledo y el cuento de la extradición, Humala, Vizcarra y hasta el propio PPK.

Elevemos una oración al Cielo para que esto cambie, el Perú como Patria lo merece y el pueblo pensante lo exige en el año de nuestro Bicentenario de la Independencia Nacional.