Desde la biblia, el derecho natural y la ley, establece que a las esposas se les debe tratar bien, en su condición de mujer, esposa y madre. Este concepto como ha ido evolucionando el desarrollo de la vida se hace extensivo a la relación de pareja, que puede ser de convivencia, noviazgo, enamoramiento y de relaciones humanas, que comprende a la vez relaciones de género.
Partiendo de una realidad existencial, el hombre no puede vivir sin la mujer y viceversa con las excepciones, que existen personas que están solas, porque tomaron esa decisión, pero en algunas circunstancias sus relaciones de pareja no son estables sino esporádicas, lo decidieron de esa manera.
Conozco muchas personas solas, que han alcanzado un buen estatus económico, social por su esfuerzo, oportunidades, organización, objetivos, fines, sintiendo interiormente que no tienen la necesidad de compartir una relación de pareja, respetable decisión. Pero muy en el fondo, son seres con miedo, temor al fracaso, inseguros, celosos, en algunos casos falta de oportunidad o no ha llegado la pareja idónea o muchas veces se busca y no se encuentra y empiezan a tener compensaciones con sus propios logros, la compañía de la familia, amistades, que llenan ese vacío interno.
Cuando existe verdadero amor en la relación de parejas de esposos, se vive feliz, lleno de compensaciones por existir entendimiento en todas las áreas de la relación de pareja; y sí existiera algún conflicto para eso está la comunicación y el valor que se le otorga a la pareja para mantener la relación porque vale la pena; y no como muchas parejas de esposos, que, en lugar de resolver sus inconformidades, llevan una doble vida paralela a la del matrimonio, desatienden a sus parejas, prefieren llegar tarde al hogar evitando contacto, cada uno por su lado, busca llenar sus tiempos en cosas banales, quejándose frente a terceras personas de sus infelicidades, que quizás están pasando por lo mismo y no buscan alternativas de solución y la relación se vuelve rutinaria sin aliciente alguno que permita conciliarse para seguir caminando juntos y pensar como una sola persona.
¿Por qué existe el maltrato físico, psicológico y sexual contra la esposa, conviviente y pareja? La respuesta tiene varias aristas: primero, el esposo psicológicamente está perturbado, necesita ayuda, lo que no significa se le releve de su responsabilidad; segundo, no ama ni quiere a la esposa, se ama a sí mismo, es egoísta, no siente ni tiene la capacidad de ubicarse en el lugar de la esposa; tercero, es el macho, en su pensamiento obtuso, cree que la mujer es dependiente de él y puede hacer con ella lo que le viene en gana sin importarle su decisión; cuarto, la agrede físicamente sin importarle la condición física de ella, la subestima hasta deprimirla, corriendo el riesgo de que se suicide, la posee sexualmente cuando le da la gana, sin interesarle si la esposa está cansada y no tiene deseos, lo único que le interesa es satisfacer sus instintos.
Esposos así, han perdido el respeto en absoluto a la esposa, difícil de manejar psicológicamente como pareja, porque los esposos han aprendido a vivir así, lo más saludable es que la esposa se divorcie, se independice, busque ayuda profesional en salud mental y legal y se libere, buscando encontrarse a sí misma en busca del equilibrio emocional.

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