El populismo desatado por unos improvisados congresistas, hijos del golpe de Estado que dio el impresentable Vizcarra, ha sido exacerbado por las elecciones. Y sin duda, muy probablemente por el afán de dejar constancia de que no fueron unos legisladores pasajeros -en estos escasos meses que han ocupado sus curules- sino que pretenden marcar territorio muy a su manera. Como apunta un proyecto de ley presentado por el comunismo, encarnado en este caso en el Frente Amplio del excura Arana, quien propone expropiar las plantas de oxígeno, los locales de distribución y llenado de balones de oxígeno medicinal, “para combatir los efectos del Covid-19.”

Oiga, excongresista Arana, usted sabe que la falta de oxígeno que existe no se arregla confiscando. El Estado es un miserable administrador. Nuestra historia lo reconfirma sin la menor duda. Se soluciona cambiando al gobernante inepto, insensible a la población, que privilegia la pendencia entre peruanos para consolidar su poder efímero que alucinara sería eterno. Vizcarra es autor intelectual y causante de la muerte de decenas de miles de connacionales, víctimas del Covid-19. Vizcarra rehusó comprar las pruebas moleculares que habrían permitido organizar a la sociedad de modo que la ciudadanía contagiada pudiese ser confinada, en lugar de circular como Pedro en su casa por calles y plazas, transfiriéndole el virus a cuanta persona se cruzase en su camino. Tampoco compró camas UCI ni respiradores mecánicos para atender los casos graves en que incursionara la mayoría de los infectados de esta plaga.

Y una buena proporción de ellos acabaría falleciendo. Pero, tampoco Vizcarra adquirió plantas de oxígeno, para evitar que los hospitales dependiesen de terceros para producir oxígeno. Esto ocurrió en la primera ola, entre abril-julio 2020. Y luego volvió a suceder con la segunda ola, iniciada en noviembre a raíz de las violentísimas marchas de protesta contra el Congreso promovidas por el partido morado, al cual pertenece Sagasti. El presidente Sagasti supo que se venía una segunda ola pero simplemente no importó plantas de oxígeno, pruebas moleculares, camas UCI, ni respiradores mecánicos. Por tanto, Vizcarra y Sagasti son culpables de que falleciesen 100,000 peruanos ahogados por falta de oxígeno. Sin embargo, como ambos presidentes pertenecen a las izquierdas, resulta que el cura Arana quiere responsabilizar de aquellas muertes a los industriales que producen oxígeno, en vez de hacerlo con Vizcarra y Sagasti, quienes incumplieron sus deberes constitucionales y funcionales como jefes de Estado, dejando de proveer y abastecer a los hospitales públicos de equipos y materiales indispensables para tratar a personas en estado avanzado con Covid-19.

Al respecto, el notable jurista Enrique Ghersi sostiene que la propuesta del excura Arana resulta “inconstitucional y también confiscatoria, además carece de sentido y racionalidad (…) Esta política estatista revela el intento de monopolización porque viola el principio de competencia.” La sola iniciativa del comunista Frente Amplio trasluce lo que ocurriría de ganar en los comicios gente como Arana; Verónika Mendoza (la secretaria cómplice de Nadine Heredia que escribiera aquellas reveladoras “agendas de la corrupción”); o Yonhy Lescano, quien confiscaría lo que se le ocurra. Así es la izquierda, amable lector. Nunca se deje ilusionar.