Queridos hermanos, estamos ante el III Domingo de Adviento. La primera lectura es del libro del profeta Isaías, y nos hace un retrato de la misión de Jesús: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los que sufren, para vendar los corazones desgarrados, para proclamar la amnistía a los cautivos, y a los prisioneros la libertad, para proclamar el año de gracia del Señor”. Fruto de esta pandemia de la covid-19 que estamos viviendo, todos necesitamos de este Espíritu del Señor que quiere hacer todo nuevo. Por eso los cristianos, como anuncia el profeta Isaías, “nos vestimos con un traje de gala”, porque el cristianismo es una fiesta, es como un banquete de bodas, donde hará brotar, de en medio de nuestros pecados y dificultades, la justicia de Dios.

Por eso respondemos con el cántico del capítulo primero de San Lucas: “Me alegro con mi Dios… porque ha mirado la humillación de su esclava”. Por eso hermanos es muy importante que en medio de nuestras humillaciones veamos que Él está cerca. Dios se alía siempre con los humillados, con los oprimidos. “A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos”. Esta es la misericordia y el poder de Dios.

En la segunda lectura escuchamos la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses. Nos invita a estar alegres. Esta es la voluntad de Dios: “Estad siempre alegres”. Y no despreciemos el don de la profecía, porque el Señor es fiel a sus promesas y cumplirá su palabra: hacernos hombres nuevos. Pasó lo viejo, todo es nuevo. Hemos empezado un año litúrgico nuevo donde Dios quiere que tengamos una vida nueva.

El Evangelio de este domingo es de san Juan y nos habla de la misión de Juan Bautista, que fue un hombre radical que decía la verdad. Él daba testimonio de la luz para que nosotros viéramos la fe. Si no aparece un Juan el Bautista en nuestras vidas, ¿cómo podríamos reconocer a Jesús? Por eso le preguntan “¿tú quién eres?” ¿Eres el Mesías? ¿Eres Elías? ¿El Profeta? Juan responde que no, dice que su misión es allanar el camino del Señor, es decir, allanar los muros que nos separan de los demás para que se dé en nosotros la espera fundada de Jesús. Por eso el Señor es también bautizado para esta misión, San Juan es puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, él dice: “Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”. Por eso el Señor nos invita este domingo a que rompamos los odios y se dé en nosotros el amor, la misericordia, que es la esencia del Nombre de Dios. ¡El Señor viene y nos traerá la alegría! Que la bendición de Dios todopoderoso Padre, Hijo y Espíritu Santo esté con todos ustedes.

Obispo emérito del Callao