¡Estampida!

¡Estampida!

Hemos venido siendo objeto de una maquiavélica tomadura de pelo con las falaces justificaciones propaladas por el profesor Castillo y toda su corte de ingobernabilidad sobre la sospechosa actividad presidencial en la casa de Sarratea, la presencia de un grupo chotano vinculado a ciertas actividades económicas, la intervención de los sobrinísimos en una especie de cartel lobista, la adjudicación ilegal de obras públicas con claros e inequívocos indicadores de corrupción, los hechos y actos descubiertos en la secretaría general presidencial, la aparición delictiva de la señora López y del señor Villaverde quienes al verse abandonados a su suerte han comenzado a poner en el ámbito público los deleznables tratos, mañas y artimañas entre los detentadores del poder público en sus relaciones íntimas y privadas desde donde venían dañando impunemente la moral nacional desde lo público hasta lo íntimo y lo privado de cada peruano, con una intervención torpe y hasta omisiva de los fiscales encargados de perseguir el delito y ejercer, en su ámbito funcional, la defensa del Estado de Derecho y un sistema de justicia ineficaz en términos generales.

Siempre se ha enseñado desde el hogar, pasando por la escuela pública o privada hasta insertarnos como ciudadanos en lo social, que siempre debemos poner mucha atención en la relación de causalidad entre un hecho o acto y sus autores y motivaciones, algo así como enseñó Emmanuel Kant cuando trató de demostrar racionalmente la existencia de Dios y del Alma en su Crítica de la Razón Pura de la que devino su Crítica de la Razón Pura Práctica.

Un presidente que desde su asunción constituyó sucesivos gabinetes de ministros con muchos de estos con antecedentes deleznables era más que obvia que la consecuencia inevitable sería un resultado también deleznable.

Un presidente que desde su asunción al cargo hasta la fecha no ha dirigido un solo mensaje a la Nación que contenga una política de Estado, la lógica consecuencia es que no tenemos a un estadista en la presidencia, a tal punto que hasta los que fueron sus cercanos aliados lo tildaron como un simple sindicalista experto en agitación gremial y callejera.

Si fusionamos los dos factores antedichos, el resultado lógico e inequívoco es la ingobernabilidad y la inexistente gobernanza que nos agobia hoy y que, ante la crisis desatada en lo político, económico y social, nadie nos muestra el camino de salida para evitar la hambruna que viene hacia el país a mucha velocidad.

Como no hay nada oculto que no salga a luz en algún momento, han comenzado a aparecer informaciones documentadas sobre la existencia de una estructura corrupta que opera al más alto nivel del poder político ante la cual la Fiscalía ya no podía hacerse de la vista gorda con un resultado evidente: que debían ir detenidos los involucrados. La cacería delincuencial ha comenzado, pero la estampida de las pirañas también.

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