Durante su estadía en el poder, Vizcarra usa el pernicioso recurso de tirar barro con ventilador contra el Congreso. Con los medios amigos del régimen, involucrados como el mandatario en la corrupción del caso Lava Jato, fraguó el psicosocial de un Congreso obstruccionista, atacando básicamente al Apra y al fujimorismo.

Inventó la ridiculez: “denegación de la confianza fáctica” y dio un golpe de Estado, ganándose el apoyo inconstitucional –sabrá Dios de qué oscura manera– de un sector de la FF. AA. El expremier, Pedro Cateriano, baloteado recientemente por el nuevo Congreso, fue importante activista en la demolición del orden constitucional.

Al no poder culpar de esto al ausente Apra y al debilitado fujimorismo, Cateriano adujo un chantaje del Parlamento. Declaró que le condicionaron la confianza a la salida del ministro de Educación. Responsabilizó a los 22 integrantes de la bancada de APP de su infortunio por abstenerse. Afirmó también que ‘el dueño’ de APP, César Acuña, le garantizó los votos apepistas. El ‘cunda’ “plata como cancha” le replicó: “yo no le prometí votos”.

Resulta incomprensible que alguien tan recorrido como Cateriano, viceministro con Toledo, ministro y premier con Humala, aliado de Vizcarra, factótum del linchamiento de Alan García y Keiko Fujimori, confiara tanto en una bancada, descuidando su discurso ante el Congreso.

Un político que no lee lo que pasa a su alrededor desafinará siempre y será rechazado. El Perú tiene el mayor contagio de Covid-19 del mundo y más de 50 mil muertos. Los peruanos sufren y tienen dolor. En su breve paso por el poder, el expremier no solucionó el acuciante, permanente y aberrante problema de la falta de oxígeno.

Si desde el primer día Cateriano hubiera amenguado, siquiera en algo, esta carencia mortal, otro habría sido el resultado. Al ministro de Educación lo interpelarán, algo parlamentariamente legítimo. El pliego interpelatorio no lo impulsan sus nuevos enemigos de APP. Las preguntas versan sobre si dos nuevas universidades, una ligada a un banco, tuvieron privilegios en su rápida acreditación.

El ministro en cuestión tendrá que explicarlo, punto. Es potestad del Congreso. En el pliego se debería incluir la corruptela ocurrida con la fallida licitación de las tabletas, por S/800 millones. Quién protegió a una empresa que no tenía respaldo financiero. Son escolares de sectores pobres los desfavorecidos.

La ‘petit histoire’ tiene otra versión. Cateriano quería sacar de su cargo al uniformado que hoy tenemos de premier, Walter Martos, ‘recontrachochera’ de Vizcarra. Acuña es cercano al gobernante, quien tiene una trayectoria de traiciones implacable. Lo dejamos ahí.

Vizcarra ha insistido con los ministros de Educación y de Economía; esta aún no dice nada sobre los contratos de su padre con el Estado. Además, ya aparecieron denuncias contra el premier y el ministro de Defensa. Esos oficios no nos gustan, matatirutirulá.