La terrible crisis que vivimos tras la negativa de la confianza al Gabinete Cateriano se inició el 30 de septiembre de 2019, día en que el presidente Martín Vizcarra asestó un golpe de Estado al cerrar al Parlamento aduciendo que el Pleno le había negado la cuestión de confianza de manera “fáctica”, cuando, en realidad, esta fue aprobada en los votos.

¿Pedro Cateriano entenderá que el karma existe? Como recordará el lector, fue uno de los tinterillos golpistas que idearon que la clausura del Parlamento, de mayoría “fujiaprista” (Fuerza Popular, paradójicamente, sí votó a favor de darle la confianza al Gabinete Cateriano), fue legal. El hijo le salió respondón a Vizcarra. El jefe de Estado, en tanto, ¿aprenderá el real significado de la palabra “obstrucción”? A diferencia del anterior Congreso, que dio luz verde a TODOS los equipos ministeriales y ratificó TODOS los presupuestos, este sí que es realmente nocivo para la gestión del Ejecutivo. Sobre esto último coincido con Jaime de Althaus en que los congresistas deben ser elegidos en segunda vuelta, de tal forma que el mandatario pueda tener mayoría -o presencia importante- en el Legislativo.

Pero, como populista que es, Martín Vizcarra no quiso tener representación en este Congreso, consiguiendo torpemente que nadie defienda -salvo los nimios moraditos- las políticas del Gobierno. El panorama que viene es sombrío y solo un estúpido podría alegrarse con lo que ocurre. Vizcarra tendrá ahora que elegir a un nuevo premier que pueda gustar a los ‘gremlins’, como califica Mario Ghibellini a los parlamentarios de paso. Ya algunos ven con buenos ojos a Pilar Mazzetti como eventual jefa de la PCM. ¡Qué necesidad patológica tenemos los peruanos de inventar héroes!

Ahora bien, no podemos desdeñar que el cansino discurso de Pedro Cateriano ante el Pleno del Legislativo pareció ser de un Gobierno que recién inicia (¡prometió el oro y el moro!) y no de uno al que le queda menos de un año de gestión y que debe, por tanto, ceñirse en enfrentar a la pandemia del coronavirus y reactivar la economía. Lo único que puedo destacar de lo dicho por Cateriano es que subrayó el valor de la minería para la generación de riqueza, porque, en cuanto a lo demás, no hubo siquiera un mea culpa por el bruto desempeño del Ejecutivo en el manejo de la crisis sanitaria: se apagó la economía imponiendo una estricta cuarentena, en donde no se aprovechó el tiempo para comprar pruebas moleculares ni oxígeno y menos en instalar camas UCI o levantar hospitales de campaña. Como acertadamente me decía una microempresaria: “El Presidente nos encerró con pocos infectados y nos abre cuando hay cientos de miles. ¿Para qué, entonces, nos cerró?”.

Frente a este estropicio, ¿Martín Vizcarra debería renunciar a la Presidencia? Puede que unas elecciones adelantadas sean la única salida para la crisis. Total, Vizcarra ya es un pato cojo…