En el programa de televisión, cuyo nombre encabeza esta columna, la guerra es librada por dos equipos en los que hay una suerte de paridad y alternancia de género o, para usar otra terminología, presencia de jóvenes hombres y mujeres que se enfrentan en diversas pruebas físicas y también desarrollan romances y peleas reales o “armani” en forma paralela.

El éxito de “Esto es Guerra”, fundamentalmente en los sectores juveniles que se sienten ahí representados, refleja, más allá de su inclusión en la nómina de los programas “basura”, un fenómeno social derivado de los nuevos enfoques emergidos de las redes sociales y exhibe un sentido de competencia deportiva que no es basura.

El Perú está hoy en guerra: No solo contra la pandemia y el hambre sino contra los orígenes históricos e inmediatos del fracaso del gobierno para lidiar con ambas plagas que es consecuencia de la improvisación, el grave déficit de capacidad de gestión, la inexistencia de una política efectiva de salud, el oportunismo que condujo hasta a la aparición de estrategias “ideológicas” y el aprovechamiento indebido de Reactiva I y, por supuesto, la corrupción sistémica y rampante.

A diferencia de “Esto es Guerra” donde no hay ni buenos ni malos -sólo hay competidores- en el turbulento escenario del Perú del siglo XXI sí tenemos una inmensa y silenciosa mayoría de peruanos de buena fe que vienen siendo secularmente engañados por quienes, de una u otra forma, desde hace muchos lustros manejan con absoluta impunidad las riendas del país en su propio beneficio y pretenden seguir haciéndolo con el grave riesgo de que lo logren.

Parte de este esquema perverso es, sin duda, la cultura de la desinformación. Y si bien se atribuye a “Esto es Guerra” ser un reflejo palpable de ese circo mediático, no cabe duda que, en una percepción distinta, es también la prueba evidente de la necesidad de inculcar y desarrollar en nuestra juventud esa cultura de valores y de información tan depreciada por los viejos manipuladores de la política criolla.

Porque la manera para hacerlo está ahí: en el sentido de competencia leal que no se ha perdido en nuestra juventud que emerge a la vida cuestionándolo todo -y tal vez merecidamente- pero que sí puede librar la guerra para salvar al Perú. Y está dispuesta a hacerlo.

Presidente de Perú Nación-Presidente del Consejo por la Paz