Estoicismo en los tiempos de Castillo

Estoicismo en los tiempos de Castillo

Dándome un respiro, queriendo desentenderme de la política, no escuchar por un tiempo las lamentables declaraciones del presidente Castillo, retornaron a mi mente, postulados de Zenón de Citio, Séneca el Joven y Epicteto, inmensos representantes del estoicismo, corriente filosófica muy popular en la Roma Antigua y en la Grecia helénica.

Marco Aurelio, gran emperador romano, el último de los denominados Cinco Buenos Emperadores, prolífico filósofo, decía que lo único constante en la vida es el cambio, que “si esperamos lo suficiente todo cambia”. Verdad irrefutable que de golpe me devolvió a la realidad, a la política, a nuestra folclórica política chicha.

Ya devuelta a la realidad, habiendo tomado conocimiento de la conformación del nuevo gabinete ministerial, de quien presidirá el Consejo de Ministros, supe que el errático Castillo no cambiará nunca. Así, cual estoico consumado pensé: ¡SI NO ESTÁ EN MIS MANOS CAMBIAR LA SITUACIÓN, NO DEBO PREOCUPARME!
¡Pero no, Quijotes! Ser estoico no debe confundirse con optar por la resignación. En ese sentido, que el actual desastroso gobierno pareciera estar diseñando y confeccionando su propia lápida política, involucionando al Perú, retornándolo a la decadencia económica política social de los 70 y 80, de tal manera que, si amamos al Perú… ¡NO DEBEMOS ESPERAR A 28 DE JULIO DE 2026! ¡SE DEBE VACAR A CASTILLO YA!

No existe peruano que, libre de sesgo político, de antipatía, haciendo evaluación objetiva pueda sostener que el Presidente está capacitado. Peor aún, no tiene respaldo político, del empresariado, de los medios de comunicación, no lo respalda la Iglesia, tampoco las FF.AA. ni la PNP… ya ni los que votaron por él. Es un zombi político solitario con deficiencia mental que, si es incapaz de hilar cinco palabras con coherencia, menos será capaz de idear, planificar, organizar, ejecuta ni evaluar políticas públicas que todos los peruanos estamos esperando sean puestas en práctica por el Gobierno.

Haber nombrado a Héctor Valer Pinto como el nuevo presidente del Consejo de Ministros, a Alfonso Chávarri Estrada como nuevo ministro del Interior, ratificar a Juan Silva Villegas como ministro de Transportes y Comunicaciones, y a Aníbal Torres Vásquez en la cartera de Justicia, evidencia que no se enrumbará la gestión.

Peruanos, Carlos Jaico, renunciante a la Secretaría de Palacio de Gobierno, y Avelino Guillén, renunciante al Ministerio del Interior, prácticamente han denunciado que Palacio está copado por gente que no aporta, por asesores que entre ellos se jalan las mechas por una cuota de poder. Guillén manifestó que el núcleo político de Castillo son personajillos que parecieran estar enfrascados en batallas sindicales magisteriales. Ambos prácticamente han deslindado responsabilidad de los actos de corrupción ya realizados y de los que puedan estar ejecutándose.

Entonces, queridos filósofos griegos y romanos, este su Quijote luchador, eterno soñador utópico de un Perú mejor, deja de lado su vena estoica y llama a la lucha para recuperar la dignidad, para recuperar la democracia, para recuperar la posibilidad de lograr un Perú desarrollado… un Perú sin incapaces y delincuentes en el Gobierno.

¡Jubilación política ya de todos Los Innecesarios!

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