Estrategias de la oposición ciudadana y del Ejecutivo frente a la OEA

Estrategias de la oposición ciudadana y del Ejecutivo frente a la OEA

Más allá de lo que pueda opinar la comisión de la OEA sobre la situación política en el Perú, su próxima llegada ha generado dos circunstancias que perjudican la estrategia política del Ejecutivo.

La primera es una reactivación de la oposición ciudadana, pues parece haberse generalizado la sensación de que el respaldo de la OEA a Castillo es una afrenta al Perú.

La segunda es que la atención internacional se ha posado sobre nuestro país: el día lunes, medios de toda la región informaban lo que fue la multitudinaria protesta contra la corrupción del 5 de noviembre.

En Lima, ese sábado, decenas de miles de participantes se congregaron desde el Paseo de los Héroes Navales hasta Abancay. Familias enteras que incluían a niños y adultos mayores, marcharon contra lo que consideran un régimen corrupto. Puedo dar fe de que la protesta fue pacífica, sin embargo, fue reprimida desproporcionadamente por la Policía Nacional: las imágenes de un caballo pasando sobre una persona que intentaba recoger su bandera son más que explícitas.

El hecho de que la prensa internacional siga de cerca los acontecimientos en el Perú puede complicar la narrativa del gobierno de Castillo, que se ha basado en la victimización frente a las innumerables denuncias de corrupción que se le imputan. Es probable que durante el tiempo que la comisión de la OEA realice su informe, la atención de la prensa internacional se mantenga sobre el Perú; lo que da un espacio de acción a la oposición para demostrar su punto sobre las denuncias de corrupción, que cuentan ya con una investigación fiscal y una denuncia presentada ante el congreso.

Estas circunstancias han sido bien capitalizadas por nuevos liderazgos, como el de Lucas Ghersi, quien, al ser un rostro más joven y moderado de la oposición, ha podido contrarrestar la narrativa contra los viejos políticos que también se enfrentan al régimen, y que son fáciles de atacar y desprestigiar. Sin embargo, la oposición no termina de mostrar una estrategia clara, al no manejar una narrativa única sobre su proceder político; todos parecen querer cosas distintas.

Sin pretenderlo, el gobierno ha planteado una circunstancia ideal para el fortalecimiento de la oposición ciudadana, que parece capaz de hacer reflexionar sobre su futuro político a los parlamentarios, de quienes depende la permanencia de Castillo en el cargo.

La respuesta del Ejecutivo y que parece formar parte de su estrategia integral, ha sido fomentar una protesta que se gestó bajo la amenaza de romper con el orden constitucional el día de ayer, jueves 10. Se ha dicho que esa marcha a favor del gobierno buscaba cerrar el Congreso, institución que reaccionó equivocadamente al decidir no sesionar, porque compromete su institucionalidad frente a amenazas, hecho que claramente afecta nuestra ya bastante golpeada y desprestigiada democracia.

Además, en este contexto, el presidente del consejo de ministros ha presentado una cuestión de confianza para reformar una ley que establece parámetros justamente a la cuestión de confianza, y que fue tramitada en abril por el Ejecutivo.

Queda claro que la estrategia del gobierno apunta a tres pilares: demostrar que cuenta con respaldo ciudadano, para lo cual se fomentó la protesta de ayer; que la crisis política no lo deja gobernar, lo que se demostraría con el enfrentamiento con el Legislativo por la cuestión de confianza en pleno arribo de la OEA y; por último, que cuenta con el respaldo internacional (en la medida en que la OEA le dé la razón a Castillo), con lo cual su gestión obtendría legitimidad, por lo menos a nivel narrativo.

El entrampamiento político que se mantenía hasta hace unas semanas parece cada vez más cerca de desatarse e inclinar la balanza a alguno de los lados. El resultado de las movilizaciones de uno y otro lado, por el contexto, se verá a mediano plazo, pues una protesta, por masiva o violenta que sea, por sí sola no puede terminar con las instituciones de un Estado, por lo menos no mientras no se rompa la línea de mando en las fuerzas del orden, a pesar de lo que ingenuamente creen quienes marcharon contra Merino.

Como todas las situaciones políticas en democracia, esto es algo que se resolverá, o no se resolverá, en el Congreso de la República.

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