Estrés y corazón, mala combinación (II)

Estrés y corazón, mala combinación (II)

“…no me digas que voy a perderte, no me quieras matar corazón…” (canción de Pedro Infante)

Entonces, qué hacer para reducir el estrés y bajar el riesgo de impactos en el corazón, porque ¡no quiero perderte, corazón!

El estrés tiene agentes estresantes psicosociales (estrés emocional) relacionados a cubrir las necesidades de alimento, abrigo, reproducción y defensa de los agresores, lo cual demanda esfuerzo físico, mental, psicológico y/o emocional.

Hace más de cuatro siglos, el doctor William Harvey afirmó: «Toda afección de la mente acompañada de dolor o placer, esperanza o miedo, produce una agitación cuya influencia se extiende al corazón». Siglos después, tras los terremotos de Atenas (1981), Los Ángeles (1994) e Hyogo (1995), los registros de mortalidad mostraron un significativo aumento (entre dos y cinco veces) de muertes no traumáticas sino por causa cardiovascular.

El estrés mental ha demostrado ser el gatillo de diversas enfermedades cardiovasculares.

La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo publicó en el año 2000 un artículo que explica que el estrés laboral aparece cuando las exigencias del trabajo no se ven igualadas por las capacidades, recursos o necesidades del trabajador. El estudio más importante, que demuestra la asociación entre el estrés laboral y la cardiopatía isquémica, es el Interheart, en el que fueron incluidos más de 24,000 individuos de 52 países. Se concluyó que el estrés laboral multiplica por 2.5 el riesgo de angina de pecho.

Lo que se puede hacer para aprender a manejar el estrés:
Evitar comer en exceso o fumar, practicar yoga o meditación, pasar tiempo al aire libre, realizar ejercicio de forma regular, pasar tiempo con amigos, leer un buen libro. Sí, son cosas simples, pero muy efectivas.

El Dr. Jaume Riba, del hospital Quiron Salud (España), recomienda que aporta en la búsqueda de control del estrés reducir las sustancias estimulantes como café, alcohol y tabaco, tomar descansos regulares y dormir bien, disfrutar música relajante, seguir una dieta equilibrada bajando grasas, azúcar y la sal; y, otra vez, tener actividad física (hacer ejercicios).

Un paciente centenario indicó: “el secreto de la longevidad saludable es vivir sin estrés. Vida sana, poner todos nuestros medios y energía, no enfadarse, comer moderadamente, socializarse y divertirse, salir un rato al campo y estar continuamente ocupado”.

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