España acaba de conmemorar una década desde que la organización terrorista vasca Eta declarara el cese de actividades criminales. ¡Eta sigue siendo considerada secta terrorista! En 2011 avisó el cese de sus funciones terroristas. Eso sí, no pidió perdón. En 2017 entregó las armas al gobierno español; y en 2018 reconoció el daño causado a sus víctimas.

Asimismo, aceptaba la responsabilidad del sufrimiento por el cual tuvo que atravesar la sociedad española desde 1958, cuando Eta fue formada en tiempos de la dictadura franquista. Reiteramos, en ningún momento ha pedido perdón.

Nació y se desempeñó como una organización terrorista autodenominada revolucionaria, cuya actividad siempre y exclusivamente se orientó a procurar la independencia del llamado País Vasco mediante el uso de la violencia.

¡Eso sí, con extrema violencia! En 2008 se centraría en reiterar que sus acciones estuvieron dirigidas a procurar la independencia del Pueblo Vasco, aunque reconociendo su “respeto a los muertos, los heridos y las víctimas que han causado las acciones de ETA, en la medida que resultaron damnificados por el conflicto.

Lo sentimos de veras.” Nuevamente, no pidió perdón.

A lo largo de los 53 años de actividades terroristas desarrolladas en España –país que duplica en población al nuestro– Eta asesinó a alrededor de 850 ciudadanos y produjo 79 secuestros. España todavía llora las consecuencias de los actos criminales por los cuales esta camarilla terrorista jamás ha pedido perdón.

Actos criminales, repetimos, circunscritos a procurar la independencia del País Vasco. ¡No a imponer una doctrina polpotiana, calcada del sanguinario comunismo maoísta y ejecutada por una secta asesina¡ Como durante veinte años hizo sendero asociado al mrta, la facción terrorista dedicada fundamentalmente al secuestro.

El objeto de sendero fue, y continúa siendo, imponer en el Perú un régimen marxista. Transpiran pues gran diferencia las metas de Eta –independencia del País Vasco– y las pretensiones exclusivamente ideológicas de sendero luminoso. Aunque existen otras muy importantes diferencias cuantitativas entre el accionar de Eta y el de sendero con su socio mrta. Durante 53 años como organización terrorista, Eta produjo 850 muertes. Mientras que en 20 años, sendero mató a 40,000 peruanos. También el mrta acumula centenares de secuestros, muchos con muertes; mientras Eta contabiliza 77 rehenes. Recientemente, por cierto, murió el genocida guzmán y el gobernante Pedro Castillo vacilaría durante dos semanas si aceptaba que sus restos acabasen cremados.

Contrastemos todo aquello para desmenuzar las despreciables entrañas de sendero luminoso, hoy instalado en palacio de gobierno ocupando segmentos estratégicos del país como, hasta ahora, los ministerios de Educación e Interior. La sociedad española sigue repudiando a Eta. ¡La peruana considera luchadores sociales a los senderistas! Culpable de semejante esquizofrenia es la CVR, asociación proterrorista patrocinada por un clan antinatura conocido como izquierda caviar.

Apostilla. Si Rafael Belaúnde Aubry acepta ser embajador político en España, pasará a la historia como hijo traidor del dos veces presidente, a quien el gobierno de Castillo sindica de asesino por combatir al terrorismo. Actuaría igualmente como un ciudadano indigno, por pactar un cambalache politiquero que solo favorecería al comunismo.

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