El Abogado Pedro Cateriano fue nombrado por el Ejecutivo para presidir un renovado gabinete ministerial que ha despertado muchas expectativas, como también dudas en sectores de la población. No es fácil el encargo que acepta, sobre todo por las duras circunstancias que atraviesa el país. Esta pandemia es la más letal que hemos visto en nuestra historia. No estuvimos preparados para ella. Y su presencia terminó por desnudar nuestra precaria realidad, en todo orden de cosas.

Con un sistema sanitario colapsado en poco tiempo, sin medicamentos, sin respiradores artificiales y sin oxígeno suficiente, las víctimas del Covid-19 se fueron multiplicando rápidamente, no obstante los esfuerzos desplegados por las autoridades de salud y otras del sector público, según refería el propio presidente, Martín Vizcarra, en sus conferencias diarias con la prensa. La verdad, sin embargo, terminó desbordando los buenos deseos y nos enrostraría, al paso de los días, la terrible realidad de los hechos con víctimas no consignadas oficialmente.

La población empezó, entonces, a sentir la sensación que no se nos hablaba con la verdad, que se maquillaban cifras y estadísticas, con ánimo quizás de triunfalismo. La necesidad de exigir transparentar resultados fue, entonces, en aumento. No más informes que iban por un camino, mientras que las víctimas y personas infectadas iban por otro. La sensación inicial se fue convirtiendo, entonces, en demanda de la población, por sincerar cifras y resultados. El gabinete saliente fue perdiendo reflejos y sus respuestas parecían no estar a la altura de las exigencias.

En este marco se da, finalmente, la decisión del jefe de Estado de renovar a sus ministros de confianza convocando, para ello, a Pedro Cateriano quien no es nuevo en estas lides. Retorna al cargo después de cuatro años en que se desempeñó como presidente del Consejo de Ministros en la etapa final del gobierno de Ollanta Humala.

¿Qué le espera? ¿Y qué esperamos, los peruanos? A todos nos interesa enfrentar con coraje y realismo esta pandemia y salir de ella. Para ello, el gabinete renovado que preside Cateriano deberá empezar corrigiendo los errores del pasado inmediato y transparentar la verdad reclamada, de modo que sus diagnósticos y evaluaciones sean los más ajustados a la realidad, por duras o críticas que fueren. Y que los errores o flaquezas detectadas, no se vuelva a repetir. Nada hay más contraproducente en una situación de crisis que la mentira. La población se da cuenta, no la soporta. Prefiere enfrentar el mal con la verdad y saber a qué atenerse.

Lo segundo será trabajar por evitar que nuestra economía colapse, con las consecuencias que ello implica para el futuro del país. Reactivar la economía a partir, por ejemplo, de apostar por las pequeñas y medianas empresas o las familiares, que son las que concentran mayor número de mano de obra ocupada y han sido, al mismo tiempo, miradas de costado, sería una manera distinta de empezar a enfrentar la nueva realidad. El reto que le espera al nuevo gabinete será pues difícil, pero no imposible. Dependerá de cómo se vea la realidad.

Lo tercero, será garantizar la transición política sin sobresaltos con miras al cambio de gobierno que debe producirse en julio del próximo año. Para ello será necesario propiciar un ambiente político de tranquilidad, sin confrontaciones inadecuadas y menos innecesarias entre poderes del estado o entre peruanos que piensan distinto unos de otros. El tránsito a la normalidad política, deberá plantearse dentro de un marco de respeto y de tolerancia para evitar que el ambiente se enrarezca más de lo que ya se encuentra por la pandemia.

Juez Supremo