Según un diario de la capital, que ha realizado una revisión de las hojas de vida de los candidatos al Congreso, sólo el 6% de ellos tienen experiencia legislativa por haber trabajado en el Poder Legislativo.

De saque, ese índice es un mal síntoma para tener desde el inicio un buen parlamento; según mi experiencia son dos años en promedio que demora un parlamentario nuevo en conocer la organización y el funcionamiento del Parlamento.

El tener asesores y un personal de apoyo no garantiza el éxito congresal. Ser un legislador es mucho más que saber los procedimientos, sobre todo en estas épocas donde la comunicación es un eje fundamental para recobrar la confianza ciudadana.

La experiencia no se consigue únicamente trabajando en el Parlamento. Hace falta una conexión entre el legislador y su partido político. En otros países, con democracias más sólidas y con parlamentarios menos egoístas, el staff del legislador cuenta con pasantes de sus agrupaciones políticas. Es decir, los jóvenes y futuros cuadros políticos, van conociendo el funcionamiento del Parlamento y adquieren la experiencia necesaria para que en un futuro se desempeñen como buenos legisladores. Adicionalmente, la pasantía les permitirá conocer de cerca cómo y para qué sirve el poder; muchos de los legisladores que llegan sin la experiencia de haber interactuado en política gubernamental sufren constantemente de “soroche político” y cuando tienen el poder, de la “noche a la mañana”, abusan de él y se alucinan que “han sido tocados por la mano de Dios”.

Es muy importante que el electorado sepa quiénes son los candidatos con experiencia en el trabajo parlamentario. Sería interesante un debate para conocer sus propuestas de reforma de funcionamiento del Congreso.

La semana pasada hice notar que no hay que llegar al Congreso con maletas llenas de iniciativas; por ahora ya hay más de 6 mil que pueden actualizarse en el futuro sin que a ello se le considere plagio.

Cuando nos mudamos y llegamos a una casa nueva, lo primero que hacemos es organizarla. Lo mismo debe suceder cuando se llega al Parlamento; dedicarle un tiempo a la organización, evaluar el numero de comisiones, la posibilidad de fusionar las que ya existen para no duplicar el trabajo y reducir el gasto, entre otros aspectos, son cambios necesarios para recuperar la confianza del Parlamento. Organizarse no es pérdida de tiempo; sólo hay que saber comunicarlo.