Fabiola Morales Castillo

Fabiola Morales Castillo

AL FILO DE LA NOTICIA

Acerca de Fabiola Morales Castillo:

Catedrática Universitaria, Doctora en Comunicación y Ex-Parlamentaria (2001-2011)



El lado oculto de los candidatos

Esta semana nos sorprendió la noticia de una denuncia de violencia contra una señora de más de 70 años por parte de su esposo, dirigente y candidato importante del llamado Partido Morado; personaje público, que había ya tenido los cargos de congresista y ministro.

La reacción tanto del Partido Morado, como de su líder y de la misma persona denunciada, ha sido un calco de todos los casos en que se ha investigado y sacado a la luz este tipo de inconductas de quienes se creen con derecho de ejercer cargos públicos: tanto de los que se obtienen a dedo, como de los que emanan de la voluntad popular, como es el caso de los congresistas.

El Partido Morado, como en otros casos, ha deslindado; su líder, como en otros casos, ha exigido la “renuncia”; el afectado, como en otros casos, ha negado y ha dicho, no recordar si tiene más denuncias. Por otra parte, las autoridades electorales pertinentes han dicho que a estas alturas, ya no pueden aceptar ninguna renuncia y el candidato seguirá en carrera y hasta podría ser elegido congresista de la República del Perú.

Una lavada de manos fenomenal que ha dejado estupefactos a los ciudadanos que, por supuesto, recién se están dando cuenta que el cierre del Congreso -por mucho que lo haya bendecido el Tribunal Constitucional por 4 votos a favor y 3 en contra- no va a garantizarnos un Parlamento mejor.

La contra-cultura de la “mentira”, la “hipocresía” y “disimulo” es una corriente que afecta la política; pero también las buenas relaciones entre las personas y las instituciones, porque hiere hondamente a la sociedad peruana, convirtiéndonos en desconfiados e inseguros, como comunidad. Es un hecho que los países más desarrollados lo saben y es por eso que no transan con este tipo de inconductas.

La “falsedad” es una mala costumbre que es necesario rechazar con energía, sin ninguna justificación posible, porque con facilidad convierte a las personas en amigas solo de lo “políticamente correcto”, para quedar bien; y son tan peligrosas este tipo de conductas que, con el tiempo, quienes se zambullen en este mar de mentiras hasta se mienten a sí mismas.

Muchas instituciones estatales caen en el ridículo de creer que sumando leyes, decretos leyes y colocando “filtros”, van a terminar con esta semilla de la corrupción que es la mentira. Hecha la ley, hecha la trampa. El camino no es el “legalismo”; sino la educación y el auténtico rechazo social al engaño. Recordemos el caso del ex presidente Clinton y, otros más, a quienes los conciudadanos no les perdonaron la doble cara.

Sin embargo, en el Perú, recurrimos fácilmente a otra mentira llamada “ley del embudo”: justificaciones para los “amigos” y rechazo para los “enemigos”. O al menos esa es la sensación que se produce cuando las ONG autodenominadas “feministas” callan y la ministra de la Mujer también calla y no da la cara en una emisora nacional -como si lo hace frente a otras denuncias de violencia contra la mujer- sino que envía a una funcionaria.

¿Quién responde por la conducta de los candidatos?, pareciera que ni el partido, ni el líder, ni ellos mismos. Menos los entes electorales. El lado oculto de los candidatos a estas elecciones –por demás absurdas e innecesarias- está siendo más oscuro que la otra cara de la luna.

¿Alguien podría dudar ahora que la falta de una conducta ética produce pérdidas económicas y desastres políticos?

(*) Profesora en CENTRUM PUCP



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