Fabiola Morales Castillo

Fabiola Morales Castillo

AL FILO DE LA NOTICIA

Acerca de Fabiola Morales Castillo:

Catedrática Universitaria, Doctora en Comunicación y Ex-Parlamentaria (2001-2011)



¿Votar o no votar?

Las elecciones del 26 de este mes se producen como consecuencia de una acción de este gobierno que, para los constitucionalistas independientes y experimentados, es un “golpe” a la democracia; aunque el Informe de uno de los Miembros del Tribunal Constitucional (TC), parece que lo justificaría.

En este contexto, las elecciones se convierten en una invitación, en última instancia, opaca y dudosa; porque huelen a espurias y antojadizas, aun sin tener en cuenta el millonario presupuesto que el Ejecutivo ha decidido gastar de nuestros bolsillos, como lo hizo con el “famoso” Referendum que convocó, sin ton ni son.

Por tanto, aunque una gran mayoría -arrastrada por el discurso populista del gobierno y sus campañas mediáticas- no se cuestione las elecciones para “culminar el ciclo parlamentario 2016-2021”, son en sí, discutibles. Cosa que los partidos políticos pareciera que no se lo han planteado, porque todos participarán sin chistar y podrían convertirse, para la historia, en parte de una jugarreta.

“Ante fuerzas mayores no es cobardía un retiro”. Comprensible es, por otra parte que, perdida la batalla del cierre del primer poder del Estado y planteado un nuevo escenario para superar el entrampamiento, los partidos hayan optado por el “mal menor”, según su punto de vista: no dejar al actual gobierno sin un parlamento fiscalizador y que haga el balance de poderes para rescatar, aquello que se pueda, de la democracia en el país.

Este “mal menor” es la única razón por la cual los demócratas debemos acudir a votar, aunque sea “tapándonos la nariz”, como tantas veces; porque de lo contrario, estaríamos entregando el poder a un gobierno que pareciera tener vocación totalitaria, mientras no se demuestre lo contrario.

Debemos votar por quienes nos garanticen un Parlamento con agallas que tenga el valor de fiscalizar, por ejemplo, el uso del Presupuesto de la República al cien por ciento y no a la mitad como ha sucedido. El país está urgido y, en especial las familias más empobrecidas, de servicios básicos: agua, desagüe, seguridad ciudadana y un largo etcétera. Pero el Ejecutivo, es ineficiente en el gasto.

Quienes tenemos una fe cristiana, reconocida por la Constitución del Perú -como forjadora de nuestra cultura- tenemos el deber de participar en estos actos políticos lo mejor informados, porque –lo dice el papa Francisco: “no podemos lavarnos las manos como Pilatos”- quien, sabiendo cuál era la verdad, la entregó a cambio de su confort y beneficio personal. Por eso, nuestro voto debe estar de acuerdo a nuestros valores, lo contrario sería aceptar que nos confinen a las catacumbas ahora, como ya lo hicieron los Césares.

Hay temas relacionados con la familia y la educación que han ingresado a la discusión política y están marcando la diferencia entre los candidatos: la defensa del no nacido, el matrimonio entre varón y mujer, la libertad de enseñanza, el derecho de los padres a educar a sus hijos, etc., a los que no se puede renunciar, dejándolos en manos de legisladores antifamilia y antivida.

“Los laicos me dirán que no participan en política porque es sucia. Nada es fácil en la vida. Por eso los cristianos deben participar en política que es una de las formas más altas de la caridad porque busca el bien común”, afirma Francisco. Debemos trabajar para que nuestro Perú sea un país donde la dignidad de la persona humana sea prioritaria, ofreciendo a todos los bienes necesarios para su desarrollo integral.

Profesora CENTRUM PUCP



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