Muchos tuvimos el privilegio de tener una niñez con un mundo lleno de fantasías. En casa, en la escuela y en la comunidad, fuimos cautivados por relatos que nos transportaban a mundos que lo soñábamos como nuestros. Desde entonces, hice causa común con los más débiles, todos de corazón gigante, porque me sentía y me siento uno de ellos. Así llegué a valorar las fábulas. Estas narraciones nos acercan al mundo real desde donde imaginamos otro, diferente y nuevo. Urge que los lectores, en especial los niños, se acerquen a las fábulas. A través de estas narraciones podemos visualizar ejemplificadas las normas; apremia cuestionar el comportamiento humano, cuyas conductas están cada vez más próximas al de las fieras, que solo existen en el mundo irreal. Hoy, adquiere mayor relevancia el mensaje final de las pequeñas historias, que a través de las moralejas, son portadoras de mensajes potentes. Además, de permitirnos fortalecer la idiosincrasia de nuestros pueblos que siempre son portadoras de normas y valores de buena y sana convivencia.

Uno de los libros de los hermanos gemelos Juan y Víctor Ataucuri García es Fábulas peruanas, al leerlo lo sentí familiar, el de mayor relevancia de los últimos años en este género literario. En él, se entregan 47 fábulas adaptadas, recreadas en base a mitos y leyendas peruanas. En estas narraciones cortas, todas fábulas agonales, no recurren a seres imaginarios o mitológicos, por el contrario, sus personajes son animales que habitan en nuestro territorio, haciéndolo familiar y real para los lectores.

En estos oscuros días, Juan y Víctor padecen bajo las garras del COVID. Ellos y todos los que están sufriendo requieren atención inmediata. Nuestro desplumado Estado está ausente. A quienes dirigen y a todos quienes lo han dirigido, solo les interesan sus negocios sucios de repartija de las arcas que todos construimos pareciéndose más a cuentos de terror, donde lagartos y serpientes caminan tomados de la mano y como para no creerlo, alimentándose de la sangre, lágrimas y sudor de nuestros sufrientes hermanos. Ahí lo vemos pululando, disputándose el control del Estado, mostrando rostros “angelicales” pero en el mundo real, son monstruos que gozan del calvario y necesidad de los hombres.

Mi solidaridad con Juan y Víctor. Y mi firme exigencia al Ministerio de Cultura y otros entes para que le brinden auxilio. No dejemos abandonados a quienes nos hacen soñar con un país más justo.