El Gobierno del Partido Morado, liderado por el presidente interino Francisco Sagasti, ha dado un primer paso en falso al persistir en una extraña e ilegal intentona de tomar el control de la Policía Nacional del Perú, seguramente para instrumentarla políticamente después. Este despropósito le costó la cabeza del ex ministro del sector, Rubén Vargas; sin embargo persisten en el error al mantener en el cargo al general Cervantes y al no reintegrar a los generales que se apartaron de la PNP por el ataque a la institución. Todo hace indicar que estas presiones por el control de la fuerza pública podrían venir de Gino Costa del Partido Morado también. Y este tema es clave para entender la poca posibilidad de controlar cualquier conflicto social que se salga de las manos. Es decir la incapacidad manifiesta del régimen para mostrar autoridad.
Los morados y su falsa transición, la de un Gabinete monocorde y de alineamiento con algunos de los poderes fácticos en Perú, ha tenido en menos de 20 días varios moretones. Pienso que de mantenerse este esquema las posibilidades de que Julio Guzmán y el Partido Morado sean electos por voto popular es inexistente.
Sagasti se ha visto atrapado en sus propias palabras: reivindicó la narrativa de la responsabilidad de la PNP en los disturbios que lo llevaron al poder ; con esto no tiene mucha autoridad política para exigirle que ésta cumpla su función y, peor aún, envalentona a la gente a que las cosas se radicalicen pues ya le tomaron el pulso.
A este gobierno se le pedía solamente 4 cosas básicas: que controle la pandemia, que corrija el rumbo económico para que sea compatible con la reactivación, que organice elecciones limpias y que asegure relativa paz social. Sobre lo primero está claro que al confirmar la vuelta de Pilar Mazetti al Minsa y al mantenerse Fiorella Molinelli en EsSalud esta perspectiva estará bastante lejos de la realidad. En lo económico lo único que se reafirma es una vocación por el endeudamiento, comprometiendo a las futuras generaciones; básicamente la misma política que seguía María Antonieta Alva. Sobre las elecciones aparecen algunas sombras pues el mandatario continúa aún como precandidato a la segunda vicepresidencia de Guzmán. Respecto a la paz social, está ya ha demostrado la debilidad del Gobierno y el nulo conocimiento de la agenda social postergada en la patria. Con Sagasti han explotado los reclamos en distintos puntos del país y es probable que continúen.
El giro de los comunistas criollos en el Perú contra Sagasti, a quien ayudaron a llegar al poder, debe obedecer a su entusiasmo por obtener victoria en su plataforma más deseada: la convocatoria a una asamblea constituyente. Esto formaría parte de un estudiado y planificado esquema internacional de agitación contra el modelo “neoliberal”; maniobra que ha tenido repercusión en varios países de la región, el más icónico Chile, sin duda, donde han conseguido que un referéndum determine que el país sureño tendrá una nueva constitución. Esto podría girar alrededor de alguna directiva del llamado “Grupo de Puebla”.
Pienso que la consigna que tiene – o se la imponen- Sagasti es evitar una “segunda urna” en Perú. Tal como va esta posibilidad parece cada día más cercana. Esta transición ha empezado con mal pie. No va a llegar a ser ni siquiera como la insuficiente paniaguista.