Carpe diem, quam mininum crédula postero, escribió el poeta latino Horacio. Es decir, vive el hoy, desconfía del mañana.

Veo esa frase con optimismo en los post de mis amigos en el Facebook y le dan una sola gran interpretación: vive el presente con energía y fe, como si empezaras de nuevo (Nietszche decía, como si tu día hubiera llegado). Entiendo que todos tienen planes y perspectivas, pero quieren apurar su cáliz de tristezas y alegrías, sin sombras ni temores. Sin duda buscan la gratificación de sus sueños y trajines, pero también, sin duda, saben, o intuyen, que la salud mental implica precisamente poder postergar esa gratificación sin angustia ni amargura.

Pero para Alcohólicos Anónimos, ese verso latino fue recreado magistralmente por dos de los más grandes hombres del siglo pasado: William Griffith Wilson y Bob Smith en Estados Unidos. Al día de hoy, esta institución, se halla presente en más de 185 países, alberga a más de 120 mil grupos que hablan más de cincuenta idiomas y congrega a más de dos millones de personas. En forma paralela pero colaborativa, se han constituido igualmente en muchos países asociaciones para luchar contra la ludopatía y la narcodependencia.

Su fama es espectacular aunque no la buscan y sus efectos verdaderamente extraordinarios, a tal punto que el Papa Juan Pablo II llamó a Alcohólicos Anónimos, el milagro del siglo XX. La ciencia y la terapia mundial contra las adicciones le ha reconocido un lugar clave en la sanación, pero lo más importante, millones de hombres y mujeres han logrado superar la adicción gracias a esta asociación cuya frase de lucha y de trabajo es: Felices 24 horas.

Su herramienta fundamental son los 12 pasos, una breve lista de preceptos, que pueden efectivamente asegurar una vida libre de dependencias. La abstinencia decidida libérrimamente por el adicto cuando toca fondo y el valor terapéutico del diálogo de una comunidad que sufre, estimulan la recuperación que se basa en vivir las 24 horas, en que mañana será otro día y otra lucha, en que la meta es el hoy con su actualidad y su esperanza.

La asociación y los 12 pasos, son la ruta hacia la liberación. Los dos primeros son claves: admitimos que éramos impotentes ante nuestra adicción, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables. Llegamos a creer que un poder superior a nosotros mismos podría devolvernos el sano juicio. El fondo del abismo y una luz en lo más alto que no se llama Cristo, ni Buda, ni Adonai. Simplemente Poder Superior, el de cada uno.

La terapia de grupo, el sentirse entre iguales, compartir penas y expectativas, abrigar las mismas diarias esperanzas, es tan potente que se está aplicando en pacientes de enfermedades crónicas.

Vivir el hoy podría ser la consigna del desenfreno. Pero también la de la serenidad, la de la fe tenaz y perdurable que se alarga día tras días, 24 horas tras 24 horas en busca de uno mismo, de la genuina libertad. ¡Cuántos adictos pueden dar fe!