Estamos a pocas horas de celebrar nuestros primeros doscientos años de vida republicana; desde hace más de un año estamos luchando contra una fatal pandemia, hace pocos meses hemos elegido a quienes nos representarán en el primer poder del Estado, hace pocas semanas elegimos a quien personificará a nuestra nación y dirigirá su destino. Hemos visto elecciones divisivas y a nuestra sociedad dividida, observamos la escalada del extremismo en la política, todo esto alimentado por la ansiedad, la incertidumbre y el temor; nuestro país está cambiando a un ritmo muy rápido y somos conscientes de que ese proceso se irá acelerando con el tiempo.
En una fecha tan especial, como es el aniversario patrio, debemos detenernos un momento y reflexionar acerca de lo que podemos hacer, cada uno de nosotros, para poder enfrentarnos al futuro sin temor. Haciendo un ejercicio histórico podemos observar que las personas siempre hemos adorado a algo, ya sea el sol, las estrellas, el agua, la tierra, los dioses, la nación, la raza, la ideología, etc.; quizá lo que adoramos actualmente sea a nosotros mismos, es decir a nuestro “yo”; si no, no habríamos acuñado ni diseminado el “selfie”, por ejemplo; sin embargo, seguimos siendo animales sociales; desde que aparecimos sobre la faz de la tierra nos hemos ido organizando en grupos, practicando el altruismo y creando bienes inmateriales como la amistad, la confianza, el amor, la lealtad, etc.
Desde la llegada de los españoles hemos ido recibiendo oleadas de inmigrantes, hemos ido construyendo nuestra identidad nacional poco a poco; para ello, con la ayuda de la historia, conocemos y reconocemos a los grandes personajes que forjaron nuestro país. Con la globalización estamos perdiendo el interés por la historia y por reconocer quiénes somos y hacia dónde vamos; al dejar de interesarnos por la historia, nuestra identidad se debilita y puede hasta verse amenazada por nuevas historias sesgadas o con intereses subalternos. El aniversario patrio debe servir para recordar nuestra historia y transmitirla a las nuevas generaciones, no dejemos que nuestra identidad se pierda, sino todo lo contrario: fortalezcámosla; de esta manera, compartiremos el destino, las aspiraciones y los sueños.
En la celebración de este aniversario patrio tendremos a nuevas autoridades y a nuevos representantes, en ellos hemos depositado la esperanza y la confianza para resolver los problemas que aquejan a nuestro país; sin embargo, observamos que la polarización y el extremismo han llegado a la política, perdiendo el norte de la brújula; la solución de los grandes problemas también depende de todos y cada uno de nosotros como ciudadanos, obviamente unidos y no enfrentados. Honremos la memoria de nuestros precursores, próceres, libertadores y héroes; de esta manera, la entrega de sus vidas no habrá sido en vano; dejemos de lado el resentimiento y el odio; dejemos de culpar a otros países o a otras naciones por cómo nos encontramos; recordemos que así como cuando tuvimos que emanciparnos de nuestros padres y asumir nuestros retos y ser arquitectos de nuestro destino, nuestro Perú logró su independencia y su autonomía y mal haríamos seguir culpando a quienes ya no son responsables de lo que estamos haciendo.
Piensa en ti, piensa en los tuyos y, por sobre todo, piensa en el Perú.
¡Feliz Bicentenario!

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