Fernando Lores Tenazoa, un héroe genuino

Fernando Lores Tenazoa, un héroe genuino

El Perú ha sido mutilado muchas veces por irresponsabilidad, improvisación y mediocridad de gobernantes e instituciones, así como por la ambición de vecinos y súper potencias.

Podemos recordar que nuestro país firmó con Colombia el Tratado de Límites Salomón-Lozano por el que Perú entrega, en 1930, una extensa área entre el río Caquetá y el Putumayo, así como el Trapecio Amazónico (con gran riqueza de caucho) que incluye Leticia y el acceso al río Amazonas. A cambio, se nos otorgaba el Triángulo de San Miguel-Sucumbios, que nunca ocupamos, el cual se cedería a Ecuador en 1942, y en el que hoy se extraen 200 mil barriles diarios de petróleo. En estas desventuradas negociaciones, perdimos 100 mil kilómetros cuadrados.
El rechazo a este cercenamiento, especialmente en Loreto, se pone de manifiesto en la toma de Leticia, el 1 de septiembre de 1932. 48 ciudadanos peruanos redujeron a los guardias y autoridades colombianos y los expulsaron pacíficamente. La región se identificó con esta acción considerada como justa reivindicación, y el gobierno del Presidente Sánchez Cerro, al principio dubitativo, decidió apoyarla y buscar negociación internacional.

Colombia inició un proceso de compra de armas, naves de guerra, aviones y reclutamiento de personal. Contaron con aviadores alemanes mercenarios, instructores chilenos y la complacencia de Brasil, que autorizó el pase de sus barcos de guerra por el río Amazonas. Nuestro país, una vez más, estaba poco armado, con los puestos fronterizos descuidados y en constantes conflictos internos. Las zonas de vigilancia carecían de radio comunicación y para enlazarse empleaban el manguaré, instrumento de percusión ancestral de las comunidades amazónicas para ceremonias, transmitir mensajes, declaraciones de guerra y hasta de amor.

Temerosos de enfrentar Leticia, al fracasar la mediación internacional, en febrero de 1933 Colombia comienza el asedio militar y se producen combates en Puerto Meléndez, Tarapacá (en el Putumayo), río Cotuhé y Puerto Hilario. Luego, nuestros vecinos deciden atacar el puesto peruano de Güepí, defendido por 194 hombres con fusiles y 5 ametralladoras. Las fuerzas enemigas, que previeron minuciosamente el ataque, emplearon más de 1000 efectivos, 12 aviones, 3 barcos y artillería. Con esa incomparable superioridad, obtuvieron una lógica victoria.

En la aciaga circunstancia descrita, brilló el valiente loretano, sargento segundo del ejército, Fernando Lores Tenazoa. Maniobrando su ametralladora y liderando a un grupo de heroicos soldados, enfrentó a un enemigo mayor en número, pero nunca tan corajudos e íntegros como él. Resistió cerca de tres horas de fuego por aire, mar y tierra. Pese a hallarse gravemente herido, siguió defendiendo a su patria, como lo hiciera Francisco Bolognesi, hasta quemar el último cartucho. El martes 26 de marzo se cumplirán 91 años de la heroica acción de uno de los mayores exponentes del patriotismo peruano. El Instituto de Educación Superior Tecnológico del Ejército (ETE) lleva su nombre, inmortalizando su ejemplo patriótico.

Jorge Basadre lo describió diciendo: “En medio de muchos falsos alardes de patriotismo, de entonces, de antes o de más tarde, Lores pone una nota fresca y limpia de sinceridad y de arrojo… Encarna las virtudes no del jefe ni del oficial sino del subalterno… se empecinó en combatir, se negó con igual tenacidad a reconocerse vencido y estuvo listo a entregar la vida por las sencillas y hermosas cosas en que creía”. En 2018 recibió el ascenso póstumo al grado de Técnico Jefe Superior.

En nuestro Perú, donde a menudo surgen idolatrías a falsos valores, deberíamos poner en relieve el mérito de este gigante de nuestra historia y no tenerlo refundido en las páginas que ocultan paladines por ignorancia, desidia o mezquindad.

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