Ni Vizcarra ni Sagasti solucionaron nada para controlar la pandemia que, en su segunda ola, está matando a mucha gente con un incremento constante del nivel de contagios, pero, con la peculiaridad de ver y saber de gente joven que se contagia y muere, cuando se suponía que la covid tenía preferencia por los más veteranos.

Ahora resulta que la vacuna china elegida por los dos mandatarios en mención, de manera sucesiva, tiene serios cuestionamientos en su eficacia, tanto así que ya se habla de la necesidad de aplicarla en tres dosis que no se sabe de dónde sacarlas porque según todas las informaciones, tampoco el Perú ha cerrado el trato para recibir la prometida remesa de treinta y siete millones de dosis.

Se ha comprado una determinada cantidad de vacunas Pfizer solucionándose el problema de la cadena de frío que exige la conservación de estas por debajo de los cuarenta grados bajo cero.

Lo que no se ha programado bien es la distribución y correcta aplicación de las vacunas recibidas, omisión punible porque se sabe que en nuestro país no funcionan los sistemas de control previos y concurrentes, sino los posteriores cuando ya el hecho está consumado.

En este escenario el mal ejemplo cunde como fuego en paja seca. Mientras los dimes y diretes entre la ex canciller y el presidente Sagasti sobre el asentimiento de éste para que aquella se aplicara la vacuna en secreto, respecto de cuya imputación van apareciendo más y más evidencias, las dependencias del sector Salud, siguiendo la línea del Ejecutivo en tándem con el médico Málaga de la universidad Cayetano Heredia, están fomentando un festival de vacunas como obsequios a quienes detentan el poder regional o local, mientras que en algunos lugares se produce el deterioro o pérdida de vacunas por mala manipulación o por descuidos de organización.

En Iquitos las invitaciones para el regalo de vacunas no solo fueron para la alcaldesa de Punchana sino también para decenas de funcionarios del gobierno regional, quienes sin ningún escrúpulo aceptaron el regalo y se aplicaron la vacuna mientras lo viejitos que hacían cola recibían la noticia de que se habían agotado las vacunas recibidas.
Si así vamos con las pocas vacunas que tenemos, ya nos imaginamos si empiezan a llegar en masa, lo cual resulta imposible si el gobierno continúa con la cantaleta que solo el Estado puede comprarlas. Desgobierno absoluto.