Cuando estás en la universidad, compartes con personas de múltiples perfiles, si bien tienes en común una carrera profesional, cada quién trae consigo sus hábitos y costumbres, hobbies adicionales, entre otras cosas propias de cada persona. Un gran amigo, que justamente lo conocí entre clases, se dedicaba en paralelo al físico culturismo, y anecdóticamente recuerdo un día llegar a clases y casi no reconocerlo (nos habíamos dejado de ver unas cuantas semanas); él había subido mucho de peso y andaba de lo más tranquilo por los pasillos del pabellón G. Fue inevitable para mí pensar y preguntarle el cambio tan radical, pero para mi sorpresa, no era ningún cambio de vida ni nada por el estilo, simplemente estaba “fuera de temporada” de competencias; fue más mi sorpresa aún cuando me dijo que en dos semanas entraba nuevamente en tiempo de competición y que para ello ya tenía en pocos días un entrenador que lo llevaría en ese tiempo a su objetivo deseado.

Efectivamente, un par de semanas después , ya había recuperado su estado físico, para mí fue realmente impresionante la seguridad que tenía en el resultado y que lo tome con tanta tranquilidad y normalidad por más que aparentemente para mí, estaba lejos de hacerlo para el tiempo con el que contaba. Me era imposible compararlo con otros amigos que tenían la meta de mejorar su estado físico e intentaban por su cuenta sin lograr lo esperado, salvo aquellos que sí entraban en un proceso guiado y asistido de manera permanente.

Lo sucedido con estos amigos de la universidad me sirvió para tener una idea básica al momento de evaluar si financiarme o buscar un inversionista para mi negocio; en estricto, si tengo súper claro qué hacer, lo he hecho durante mucho tiempo de manera constante, conozco todos los detalles necesarios de qué ocurrirá y cuándo en mi negocio, lo mejor sería un financiamiento por un plazo determinado que nos permita llegar a donde queramos llegar y luego continuar por nuestra cuenta, a nuestro criterio, como lo hemos hecho previo a necesitar financiarnos (equivalente a estar “fuera de temporada” ). Ahora, si no tienes claro el potencial de tu negocio, qué tan bueno puede llegar a ser, requieres tal vez que alguien más te acompañe en el proceso, asuma el riesgo contigo, lo que implica también compartir las ganancias futuras, no tienes claro hasta cuándo podrías necesitar el acompañamiento, estás dispuesto a compartir decisiones (o en todo caso escuchar opiniones); creo que lo que necesitas es un inversionista.

Cada caso tiene sus ventajas y desventajas, lo importante es saber es que quien define qué necesita debe ser uno mismo, pero basado en criterios objetivos y reales. ¡Buena semana para todos!