Mucho despotrican contra la corrupción esos fiscales Vela Barba y Domingo Pérez. Se solazan enrostrándole este vicioso patrimonio a los opositores del gobierno golpista. Aunque la corrupción viene a ser un sucedáneo del ejercicio del poder, pero en forma pervertida. Veamos. El poder per se no se consigue exclusivamente a base de dinero. También mediante el manejo abusivo de las masas populares para intimidar a quienes fuere necesario y conseguir determinado objetivo. Es el ejemplo palpable del gobierno actual, sin ir muy lejos. Tras provocar un golpe de Estado en setiembre clausurando el poder Legislativo, Vizcarra ha fortalecido su gestión manipulando a la población para sojuzgar a la oposición. Filosofemos. El poder se obtiene a través de la fuerza que da el dinero. Aunque, asimismo, apelando al manejo –más claramente a la manipulación– de la llamada “opinión pública”, para imponer criterios aplastando las voluntades de terceros. En ese caso, nos referimos al poder que genera la información. Es decir, la prensa. Un poder tan eficaz como aquel que da el dinero. Pero en ambas situaciones no será el dinero -ni la prensa- lo que necesariamente genere un mal uso del poder. Será la forma ilegítima con que se administre ese poder la que lo derive en corrupción. Igualmente, el uso indebido de los medios de prensa para obtener poder, constituye una evidente modalidad de corrupción.

Sin embargo estos dos fiscales estrella –Vela Barba y Domingo Pérez, supuestamente perseguidores del crimen– han definido sus funciones basándolas en el atropello y en la manipulación del poder que da la prensa utilizada con perversión. Porque ellos han establecido, como modus operandi, el chantaje periodístico dirigido a difundir en forma sesgada y unilateral información legalmente reservada que, taxativamente, debería ser mantenida dentro de los expedientes que, en solitario, maneja y archiva el Ministerio Público. El objeto de esta corruptela no sería otro que pulverizar a los enemigos del régimen golpista, mientras de otro lado aplica un silencio sepulcral en lo que atañe a los amigotes del oficialismo.

Cada vez que declaran esos delincuentes –ejecutivos de Odebretch– ocurre que el IDL, El Comercio y La República informan –en tiempo real, pero de manera selectiva– sobre las ocurrencias en las audiencias que están llevándose a cabo en Sao Paulo. En otras palabras, los fiscales Vela y Pérez cometen gravísimo delito en complicidad con los citados medios periodísticos, estratégicamente escogidos, al alentarlos a que hagan de conocimiento público pruebas que están legalmente prohibidas de ser difundidas, pues forman parte del expediente de investigación fiscal al que tan sólo un juez puede tener acceso. No obstante, Vela y Pérez permiten que los citados medios filtren extractos de declaraciones reservadas con el propósito de sesgar las noticia, generar sicosociales y finalmente preparar el terreno para que la Fiscalía seduzca a la opinión pública. Y aún peor, para que la manipule al efecto de crear un ambiente de indignación popular que impulse a presionar a los magistrados del Poder Judicial, de manera que el Ministerio Público obtenga el desenlace que espera. ¿Hasta cuándo?