Francisco Diez Canseco T.

Acerca de Francisco Diez Canseco T.:





Crónica de una prisión anunciada

Ell juez Richard Concepción Carhuancho está logrando un efecto  sin precedentes en nuestro país: poner en evidencia que ya no hay intocables y que sí hay magistrados que están dispuestos a jugársela en  defensa de sus convicciones. Y no me refiero solo al caso de Keiko Fujimori sino también a los anteriores fallos de Concepción, como ya lo señalé en su oportunidad.

En este enrarecido clima político, las ocurrencias de los últimos meses y ahora la prisión preventiva dictada contra Keiko Fujimori han servido para poner en evidencia  los antes soterrados y ahora transparentes juegos de poder existentes entre altos representantes de los Poderes del Estado y los integrantes de la subclase política peruana: por ejemplo, la comunidad de intereses entre García Pérez y Chávarry respecto de la que cualquier duda ha quedado disipada y en la que el tercer elemento es el propio fujimorismo.

En ese contexto, el proyecto de ley para que los partidos políticos no puedan ser considerados como organizaciones criminales es el manotazo de quienes, luego de convertir o utilizar a sus partidos como maquinarias electorales corruptas, tienen el fundado temor de que les caigan encima con todo el peso de la ley: cabe recordar que, además de Fuerza Popular, el Partido Nacionalista y el propio Partido Aprista tienen graves denuncias sobre su manejo interno como “organizaciones criminales”..

Rechazo, por supuesto, cualquier indicio de persecución política de la cual tuve  vivencia personal  respecto de  viejos e intachables líderes fundadores del Apra como Manuel Seoane y Andrés Townsend que jamás estuvieron involucradas en sórdidas acusaciones de lavado de activos y así forjaron un movimiento político antes limpio  y hoy manchado por la presencia de la corrupción.

Lo ocurrido en el Perú durante la Era de la Corrupción es realmente inaudito por el grado de extensión de ésta y la visible impunidad a la que se ha llegado que no tiene precedentes en la historia de la República y que pone en evidencia el origen de la resignación e impotencia  de muchos compatriotas que consideran que no importa que una autoridad robe con tal que haga obra lo cual, obviamente, resulta una suerte de inválido pensamiento mágico.

Hasta ahora, las prisiones preventivas del juez Concepción han funcionado solo en su ámbito jurisdiccional: las instancias superiores se han encargado de revocar sus fallos, beneficiando a la “pareja presidencial” y al “club de la construcción” y no precisamente en base a sólidos argumentos legales.

Pero los primeros pasos en contra de la impunidad se están dando. Hay que cuidar su total legalidad y que real y efectivamente se haga justicia sin caer en excesos ni tampoco en las trampas y tinterilladas de los defensores de la corrupción.

 

(*) Presidente de Perú Nación

  Presidente del Consejo por la Paz





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