Francisco Diez Canseco T.

Acerca de Francisco Diez Canseco T.:



El Expreso de la Muerte

El 16 de julio de 1984 debe ser recordado por todos los peruanos como uno de los días más trágicos de nuestra historia y, de manera emblemática, como la muestra más sangrienta de las prácticas genocidas del grupo terrorista Sendero Luminoso cuyo mausoleo sigue en pie en Comas por –qué duda cabe– por el temor vergonzoso de autoridades pusilánimes.

En esa fecha, se realizó el tránsito por los caminos de Ayacucho del “Expreso de la Muerte”, un ómnibus de la empresa Cabanino que fue tomado por 40 senderistas disfrazados de militares y policías  quienes procedieron a asesinar con piedras, machetes y picos a los 16 pasajeros luego de haber matado, previamente, a 20 pobladores del pueblo de Pallca, donde subieron al vehículo. Los terroristas prosiguieron la ruta deteniéndose en Challapuquio y Batopampa para asesinar a otras 18 personas, luego en Chaupihuasi donde mataron a adultos, hombres y mujeres, a muchas de las cuales violaron previamente; para llegar finalmente a Soras, culminando su horrenda masacre con un saldo de 104 muertos.

Este grupo de sádicos, reputado en su momento cúspide como el bando terrorista más sanguinario del mundo, comparable sólo a los Kmer Rouge de Camboya, fue bautizado por la llamada Comisión de la Verdad y Reconciliación –cuyo informe final acaba de cumplir 15 años de caviaradas– como el “Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso”, pretendiendo reconocerle el estatus de partido político que los propios terroristas reclamaban: en un intento por legitimar sus acciones contra la humanidad , absolutamente violatorias de los Derechos Humanos.

Ahora que se ha puesto nuevamente en el escenario el tema de la memoria, para que las cosas no se repitan, he querido precisamente traer a la MEMORIA este crimen senderista que con toda claridad pone en evidencia por qué Sendero nunca fue ni será un partido político por más que, en el mejor estilo marxista, intente cubrirse con piel de cordero a través de organismos de fachada como el Movadef y aun cuando siguen operando en forma disminuida, pero igualmente criminal, en el Vraem.



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