No es Presidente de la República. Para serlo, tenía que haber sido elegido en elecciones generales.

Sagasti para la Encargaduría de la Presidencia de la República tenía que haber sido elegido por congresistas hábiles y no por congresistas delincuentes (sediciosos) quienes deberían estar en la cárcel y no en sus escaños.
Quien es elegido por delincuentes, es delincuente.

Perú es país bajo ocupación extranjera y virtual provincia de Chile; es decir, nación traicionada y desde el lunes 9 del presente mes, se exhibe como Estado fallido.

Del lunes 9 al sábado 14 de este mes, Perú estuvo sin Presidente ni gobierno ni Congreso, en enfrentamiento heroico, hasta gestos de suicidio, entre el Perú profundo en la calles de todo el país enfrentado con la extrema derecha constituida por la alianza de la mayoría del Congreso- la Policía y beneplácito del Ejército.

Ha sido un enfrentamiento, excepcional de cuño añejo para estos tiempos, con policías uniformados y de civil, con armas de fuego, con muertos, decenas de heridos, decenas de detenidos y hasta desaparecidos y torturados.

El golpismo fue derrotado no obstante su ferocidad, en parte gracias al rechazo de la opinión pública internacional, la presencia de delegados de la Alta Comisión de Derechos Humanos de la ONU, del Parlamento de la Unión Europea y de la OEA.

Con la renuncia del principal promotor de la sedición, Merino, la masa se sosegó. En vez de coronar su victoria devolviendo físicamente a Vizcarra de su domicilio a Palacio, la masa paró su acción, distraída con cuentos de nueva Constitución.

Situación que los 105 (81% de 130) golpistas que estaban en riesgo de ser linchados, aprovecharon para “elegir” nuevo Presidente del Congreso a Francisco Sagasti quien no está entre los vacadores.

Sagasti en Palacio simboliza la quiebra total de la legitimidad jurídica del Perú y también la irresponsabilidad operativa; pues ofrece banalidades: “recuperar la confianza y la esperanza perdida”, considerando un nuevo bono y un préstamo en el importe del 25% del presupuesto del 2021. En todo caso el Ejército debe cubrir al país de ollas comunes teniendo como proveedores a los mismos campesinos (sembrar trabajo). ¡Nada de préstamos! Cobrar de una vez el canon minero, por lo menos el 20%.

Sagasti es totalmente ilegal pero poder real. Como tal, está en sus manos restablecer la legitimidad devolviendo a Palacio al Presidente Vizcarra. Debe hacerlo de grado porque pronto lo obligarán la opinión pública internacional y las mismas masas. Esta es su salida honorable.