Los vejámenes contra la Policía Nacional del Perú no cesan. Después de que la institución fuera injustamente tildada de asesina (aún no se sabe a ciencia cierta cómo murieron Inti Sotelo y Bryan Pintado, pues hasta se habla de “fuego amigo”) por responder, con bombas lacrimógenas y balas de goma, a los ataques de algunos vándalos infiltrados entre los manifestantes que se movilizaron en rechazo a la vacancia de Martín Vizcarra, el presidente transitorio Francisco Sagasti -recomendado por su ministro del Interior, Rubén Vargas- mandó irregularmente al retiro a unos 18 generales para designar a su hombre de confianza, César Cervantes, como comandante general de la PNP, en reemplazo de Orlando Velasco. Lo más contradictorio de todo esto es que, días antes, Sagasti había afirmado en una entrevista que no haría ninguna reforma sustancial en la Policía, e, incluso, había recibido con honores a Velasco, quien casi pierde la batalla frente a la covid-19, para luego expectorarlo sin asco. ¡Vaya cinismo!

La ley de la Policía Nacional -y su reglamento que es todavía más específico- señala que el director de la entidad policial debe ser elegido entre la terna de tenientes generales, y, en caso de que no los haya, se puede elegir al jefe de la PNP entre los tres generales más antiguos en el escalafón. En ningún momento la norma refiere que el presidente puede nombrar a quien le dé la gana, como ha ocurrido en el caso de Cervantes (¡puesto 18 en el escalafón!). En rechazo a esta afrenta, se han pronunciado oficiales en retiro y exministros del Interior de todos los pelajes, y, recientemente, renunció el subcomandante general de la Policía nombrado por el Gobierno de Sagasti: Edgardo Emilio Garrido López.

El mandatario pasajero está echando innecesariamente gasolina a la Policía Nacional, que está a una chispa de estallar y emprender una huelga nacional, lo cual sería sumamente peligroso porque estaríamos a merced de los delincuentes (¡miren lo que ha pasado en Ica!). En vez de solo estar halagando a la “generación equivocada” -que hasta ahora no sabe por qué marchó, aunque muchos me cuentan que era una gran ocasión para reunirse tras tantos meses de encierro-, Francisco Sagasti tiene que rechazar tajantemente cualquier injuria hacia los hombres de verde, los mismos que antes la manada aplaudía como focas por poner valientemente el pecho (cientos murieron) frente a la pandemia del coronavirus.

¡Honor y gloria a los efectivos que arriesgan su vida a diario para que podamos vivir en paz por un miserable sueldo! Y, si bien puede haber malos elementos como en toda organización humana (¡hay curas pederastas en la Iglesia Católica!), la mayoría de policías no son asesinos, son héroes.

Otrosí: ¿para cuándo ha convocado una movilización la “generación equivocada” en contra de la postulación de Vizcarra al Congreso, quien busca blindarse con la inmunidad parlamentaria? Esperaré sentado…