Fidel Castro adoptó el término Socialismo del Siglo XXI para exportar su fracasada revolución por América Latina y el Caribe. Eligió de heredero a Hugo Chávez, quien destrozó Venezuela como hizo él con Cuba más de medio siglo antes. Fidel ideó también el Foro de Sao Paulo usando al trotskista ‘Lula’ da Silva como mascarón de proa, otros guerrilleros fueron convocados para el plan de hacerse del poder, ya no a través de la violencia sino usando los mecanismos de la democracia “boba”. Y así ocurrió.
La neurocirujana cubana Hilda Molina (Camagüey, 1943), exiliada en Argentina, conoce al monstruo por dentro. Ella abrazó por 35 años la causa fidelista hasta desilusionarse del todo. La doctora Molina es la más formidable enemiga del castrismo y sostiene que el llamado ‘Socialismo del Siglo XXI’ gira alrededor de cuatro ejes: la perpetuidad en el poder, el dinero, el odio y el enemigo externo (para el caso de Cuba los ‘yanquis’).
Pedro Castillo representa ese viento castro-chavista, autoritario, narco-terrorista, corrupto, violador sistemático de derechos humanos y promotor del odio entre peruanos. Según la doctora Molina (que considera a Fidel Castro una de las mentes perversas, más brillantes del siglo XX) la variopinta fauna que apoyó al dictador –desde top models hasta actores y directores de Hollywood, pasando por personas pobres– son resentidos sociales, o capitalistas inescrupulosos.
El odio generado contra la candidata de la democracia, Keiko Fujimori, ciega a los votantes de Castillo al punto de negar que la democracia liberal, con separación de poderes y respeto irrestricto a las libertades, ha elevado el nivel de vida de cada rincón del planeta donde se instauró. Hoy es demolida por discursos como el del sindicalista Castillo que considera al sistema incapaz de erradicar las desigualdades y otros males contemporáneos; lo que no dice es que el comunismo tampoco los ha podido resolver y más bien los empeoró.
Nos equivocamos al creer que vivimos en democracia y que esta solo pecaba de “boba”, al permitir, por ejemplo, que condenados e investigados por terrorismo postularan al Congreso por el Lápiz-Perú Libre, y ya tengan sus credenciales. Desde que Vizcarra llamó a su referéndum nuestra democracia empezó a evaporarse. Bobos somos los patriotas que creímos que las instituciones republicanas copadas por la izquierda radical y simpatizante del narco-terrorismo, estarían a la altura de este importante proceso electoral en el que se ha jugado el destino del Perú. La ONPE de Piero Corvetto validó las trampas de los personeros del Lápiz, y el Jurado Nacional de Elecciones, JNE, no es imparcial pues su presidente es un conocido anti-fujimorista, defensor de senderistas y cuenta con voto dirimente gracias a una maniobra de quien lo nombró, el corrupto Martín Vizcarra.
Solo la candidata Keiko Fujimori, hoy perseguida política, puede recuperar la democracia liberal con alternancia de poder. ¿Estamos tarde?

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