Comentábamos ayer esa desunión que campea entre los sectores que acogen el pensamiento centrista, tanto de derechas como de izquierdas. El análisis revela una terca dispersión, aislamiento, hasta ruptura. Distancias que impulsan celos enfermizos entre los caudillos que manejan las dirigencias entre las diferentes vertientes del centrismo. Por cierto, el centro ideológico constituye el axioma más potente contra el socialismo, comunismo, marxismo, maoísmo y demás versiones izquierdistas. Por tanto quienes defraudan el centro político propiciando su atomización, se convierten en una quimera condenada al fracaso. Recordemos sino que la desunión ha sido un karma para las izquierdas.

¡Pero esta vez han aprendido la lección! Hoy los rojos son un puño sólido alrededor de un plan extremista, totalitario, inclusive terrorista, liderado por un profesor de primaria incapaz de gobernar el Perú. Tanto que en apenas dos meses de gestión han logrado ponernos al borde del desastre. Aunque posiblemente, como hemos dicho varias veces, Castillo ha decidido destrozar las estructuras democráticas siguiendo el manual marxista que dicta quebrarlo todo para que la gente entre en pánico, y luego convertir ese miedo en poderosa fuerza popular de apoyo al plan totalitario, dándole a cambio ayudas de todo tipo al pueblo vía subsidios o lo que fuere, como ocurre en Cuba y Venezuela.
Esta impronta divisionista entre quienes abrigan el centrismo ideológico como sistema de convivencia no debe existir un día más.

Comprobemos sino el avance político que han conseguido las huestes del régimen comunista, llegadas al poder gracias al favor que le hizo un jefe del JNE también comunista apellidado Salas Arenas. Ignorarlo será entregarle el país al eje marxista. Ello implicaría soportarlo en el gobierno por muchas décadas, con las consecuentes secuelas de hambre, miseria, desesperación y muerte, tan propias de los países gobernados por la izquierda extrema. Como esta zurda que se ha apropiado en la patria, en gran medida precisamente por culpa de la desunión existente entre las diferentes tiendas políticas del centro derecha e izquierda.

Dentro de las escasas alternativas que aún existen para revertir este terco divorcio entre sectores centristas, están los comicios regionales y locales a realizarse el año 2022. Construir un bloque único electoral, conformado por candidatos provenientes de las distintas canteras de centro derecha e izquierda, equivaldría a levantarle un muro casi infranqueable al régimen comunista. Probablemente, para muchos esto parezca una utopía. ¡Ojalá lo consigamos! Quizá sea la última oportunidad que nos quede para salvar al país de caer definitivamente en manos del comunismo.

Sería insultante, acaso antipatriótico, que los principales partidos del centro peruano –Apra, PPC, Renovación Popular, Avanza País, Fuerza Popular y algunos otros- fueran incapaces de aliarse para elegir en conjunto al número de candidatos necesarios para postular por un frente único centrista como aspirantes a alcaldes y gobernadores en todo el territorio nacional. A López Aliaga, De Soto, Fujimori –líderes del voto centrista en las últimas elecciones- les toca solucionar este entuerto que produjeron acudiendo separados a la elección presidencial. Perú les demanda sacrificio. ¡Si van solos a esas elecciones, perderemos el país!

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