Hay gente que cree que el ciudadano es tonto, y decide pasar por la vida dando de bandazos cada vez que necesita acomodar sus intereses a la coyuntura del momento. A esto se le llama falta de coherencia. Un mal crónico de tanto peruano que prefiere transigir, antes que enfrentar las consecuencias que impliquen defender sus principios éticos acorde con su calidad de vida.

A esta estirpe tramposa se le conoce como caviar. Gente que vive como millonaria con dinero robado a los menesterosos vía esa entelequia llamada Estado. Los caviares forman una mafia que vive de los contratos por asesorías y/o servicios conexos que consiguen de los gobiernos, a cambio de defender los intereses del poder establecido encargado de administrar el Estado, que es propiedad de todos los peruanos. Ricos y pobres. Obre bien o mal, su compromiso consiste en respaldar hasta las últimas consecuencias al gobernante que les da de mamar.

Los caviares operan desde las sentinas del oficialismo -sea este de derechas o de izquierdas- organizados al estilo hamponesco. Extorsionan y atacan descaradamente a quienes se opongan al gobierno y defienden, apañan o aplauden, sin pestañeo alguno, a quienes conforman el ápice del poder.

Los incoherentes brillan por su presencia donde reviente un cohete. Asisten a todos los saraos y a cuanta cita se les convoque. Merodean por los ejes del poder: palacio de gobierno, Congreso de la República, ministerios, Fiscalía de la Nación, poder Judicial, Tribunal Constitucional. Sus pasos resuenan porque cumplen el rol de acusetes, primera etapa del sistema de extorsión que aplican a las autoridades políticas y la burocracia en general, para mantener bajo sus órdenes a todas las diferentes instancias del poder.

De esa manera permanentemente obtienen mejores y mayor cantidad de canonjías disfrazadas de ”servicios” por lo general inservibles presentados de manera pomposa premunidos de interminables informes, cuyo fondo y forma generalmente son calcados, aunque con terminologías debidamente adecuadas.

El caviar es corrupto por antonomasia. Es perfectamente consciente de la ilegitimidad/inutilidad de todos los recursos públicos con que llena sus bolsillos. Porque el Estado peruano podría ser mucho más eficiente si no gastara decenas de miles de millones de soles en esos “servicios” que no le reditúan beneficio alguno a Juan Pueblo.

Toledo instituyó este vicio como póliza de seguro para robar, provisto del escudo caviar que le permitió llevarse al menos US$35’000,000. Los caviares se encargarían de mediatizar a los fiscales de la Nación y a los jueces de la República. Prueba de aquello es que, transcurridos casi 20 años desde que Toledo dejó el poder, no existe siquiera una acusación fiscal. Asimismo, ocurrió con Humala, Kuczynski y Vizcarra, y ahora con Castillo y su comparsa comunista.

Mientras no extirpemos el cáncer caviar el Perú jamás levantará cabeza. Sabemos lo ladinos que son. Circulan fundamentalmente en los mejores círculos sociales, premunidos de finos modales, siempre divertidos, pero siempre intrigantes, dominando los estratos sofisticados. Recordemos, amable lector, estos caviares cuya tarjeta de presentación es ser antiapristas/antifujimoristas, nos han conducido directamente al actual régimen comunista.

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