Empezaré ahorrándoles a mis amigos Phillip Butters y Kike Bravo Prado la búsqueda en el diccionario de la RAE de lo que significa “gaje”: emolumento. Las acepciones que han caído en desuso son: 1) prenda o señal de aceptar un desafío; y 2) sueldo o estipendio que pagaba el príncipe a los de su casa o a los soldados.

Sin embargo, la palabra en plural ha trascendido el tiempo debido a una expresión compuesta: gajes del oficio. Al respecto, dice la RAE: “molestias o perjuicios que se experimentan con motivo del empleo u ocupación”.

Hecha la aclaración semántica, creo importante analizar las perturbaciones que padece y genera la titular del Consejo de Ministros, Violeta Bermúdez, en la tarea asignada a su cargo. Porque 25 días, en verdad, es un lapso suficiente para hacer el FODA de cualquier funcionario público y obtener conclusiones de su desempeño.

Bermúdez no es nueva en las lides del Estado. Fue viceministra de Promoción de la Mujer y Desarrollo Humano en el gobierno de Alejandro Toledo, y jefa del Gabinete de Asesores de la PCM bajo la conducción de Beatriz Merino en la misma administración gubernamental. Pese a la distancia de los años, conoce sin embargo los jirones y callejones del Poder Ejecutivo con holgura.

Muy rápido, Bermúdez ha exhibido una característica propia de políticos mañosos y avezados: soplar la pluma de su flagrante responsabilidad en el nombramiento como ministro del Interior del general PNP (r) Cluber Aliaga –defensor de la restitución de 20 altos oficiales de la policía separados arbitrariamente– y luego montar una campaña mediática para echarle sombras al mismo en cuanto a su integridad y transparencia.

La historia es simple y corta: 1) Sagasti botó a Rubén Vargas del Mininter convencido que lo llevó a un despeñadero con la remoción de los policías; 2) encargó a Bermúdez buscar rápidamente un sucesor; 3) Bermúdez escogió a Aliaga bajo el supuesto que haría algo distinto a lo de Vargas; 4) Aliaga se empeñó en corregir el entuerto sin saber que los poderes fácticos gestores de lo hecho por Vargas, volvían a influir sobre Sagasti y Bermúdez; 5) bastó que Aliaga sincerara su posición para que lo echaran de inmediato, motivando incluso que Bermúdez lo acuse de pretender grabar una conversación privada con ella; 6) Sagasti se curó en salud y decidió él mismo nombrar en el Mininter a alguien de su confianza, el abogado José Élice; 7) el nuevo ministro, a solicitud de Bermúdez y sin dudas ni murmuraciones, ratifica al personal llevado por Vargas.

La premier Bermúdez pide hora voltear la página y que no hay lugar para perder el tiempo. El tiempo lo perdió ella y solo ella. Gajes del oficio.