Galileo Galilei, el padre de María Celeste

Galileo Galilei, el padre de María Celeste

Galileo Galilei, el padre de la ciencia moderna, también fue padre de María Celeste, y de dos hijos más. Su historia de vida, transcurrida en Italia, entre el 15 de febrero de 1564 y el 8 de enero de 1642, es un relato de dedicación a la investigación científica, y a la tarea de ser padre. Sus hijos fueron Vincenzo Gamba, Livia Galilei y nuestra María Celeste. Este artículo es un intertexto del libro de Carmen Resino, “La Bóveda Celeste”, publicado en Barcelona, por Roca Editorial, en año 2009, que recrea la relación entre el científico renacentista y su hija María Celeste. Galileo, en 1612, interna a sus dos hijas, de doce y once años de edad, en el convento de San Mateo, a cargo de las monjas clarisas de Arcetri, en Florencia.

Su hija mayor, Virginia, adopta el nombre conventual de María Celeste, en homenaje a su padre y a su entrega por la revolución científica en la bóveda celeste. A pesar del encierro religioso forzado, la hija continuó amando y honrando la labor académica de su padre. Galileo y María Celeste, padre retractado e hija confinada, mantuvieron una comunicación prolija, contenida en ciento veinticuatro cartas. Hoy sabemos que las cartas escritas por Galileo a su hija fueron destruidas, por la abadesa o el sacerdote confesor del convento, pues custodiar las misivas escritas por el hereje Galileo era un pecado y un peligro. No obstante, las epístolas que fueron firmadas por María Celeste al sabio, sí han permanecido intactas, como testimonio de la relación científica y filial entre padre e hija.

La relación entre un padre académico y una hija puede hacer crecer la ciencia. María Celeste, la hija de Galileo, podría haber sido algo así como el equivalente moderno de Hipatia, hija de Teón de Alejandría. Pues, tanto el sabio griego, como el sabio italiano del renacimiento, fueron matemáticos y astrónomos, y dialogaron sobre ciencia con sus hijas. Las cartas que escribió María Celeste muestran calidad científica e interés por las investigaciones de Galileo. La gran diferencia de vida entre María Celeste e Hipatia de Alejandría es que la primera estuvo cautiva en un convento en Florencia; en tanto que, la segunda se mantuvo en libertad en la Biblioteca de Alejandría. Ambos sabios y padres, Teón y Galileo, tuvieron actitudes distintas para con sus hijas poseedoras de verdaderas aptitudes académicas.

No obstante, Galileo llegó a escribir de su hija también académica: “Es una mujer de exquisita, singular bondad y muy apegada a mí”. Bien visto, los comportamientos de ambos padres determinaron las vidas y las muertes de sus hijas: María Celeste muere como monja heroína, de disentería, víctima de la falta de aseo en la cocina del convento; e Hipatia muere como filósofa heroína, por homicidio, víctima de una turba de fanáticos. Para escribir este artículo, a María Celeste he debido rescatarla de algún lugar del convento de San Mateo, acaso del cuarto de penitencia; pero, a Hipatia he debido buscarla en la estantería de alguna biblioteca, acaso en la de una universidad peruana.

El viejo Galileo se lamentó profundamente por haber encerrado a su hija en un convento, porque la condenó doble: María Celeste no fue feliz, y no fue interlocutora válida para su padre, ni conocida para la ciencia moderna. Finalmente, Galileo muere el 8 de enero de 1642, acompañado únicamente por su hijo Vincenzo y algunos de sus discípulos. Para entonces, su hija María Celeste, y su amor por la ciencia y por el padre, ya moraban el oriente eterno. Hoy, tercer domingo de junio de 2024, que la historia afligida de Galileo Galilei y su hija María Celeste, la monja académica y artista, nos enseñe a los profesores universitarios, y a todos los peruanos, a ser mejores padres.

Por Manuel Castillo Venegas

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