Al pergeñarse estos renglones, ya se conocen las normas de Reforma Política que regirán las elecciones generales de abril del año próximo. Más importante que dedicarnos prematuramente a los aspirantes y precandidatos que han aparecido como hongos, es hacer un balance de las reformas de marras. Si bien las reglas de juego electorales no serán las mismas que en los comicios de 2016 y por eso hay cambios positivos que sorprenderían al cínico personaje del “Gatopardo”, no por ello son suficientes. Pero es lo que hay y, siendo realistas, poco más podía esperarse dado el colapso de la partidocracia tradicional y su reemplazo por organizaciones políticas en su mayoría instrumentales al servicio de líderes personalistas o de coyuntura que han contribuido a la crisis y desprestigio de la democracia representativa.

Hablando de lo bueno, ciertamente destacan las modificaciones en materia de la Ley de Partidos y, entre estas, la inscripción partidaria obligatoria de los pretendientes para poder aspirar a cargos de elección nacional; la alternancia y paridad en las listas para el Congreso; las restricciones, transparencia y fiscalización en cuanto al financiamiento público y privado y los mecanismos supervisados de democracia interna. Lo malo es que se mantiene el malhadado voto preferencial parlamentario que debilita –por decir algo- la reforma y que sigue contando con la simpatía ciudadana ante la incapacidad de las organizaciones de expresar auténticamente la voluntad popular. En cuanto a lo electoral, la prohibición de que candidateen procesados condenados en primera instancia por delito doloso es, sin duda, un avance para ir limpiando la cancha.

Como electores, visto lo visto, hay que felicitarnos por las reformas aprobadas en el Referéndum Nacional de diciembre de 2018 que abrió este camino de cambio, lo que no es óbice para lamentar la desaprobación entonces del restablecimiento del Senado debido, principalmente, a la trampa introducida en el proyecto por el nefasto Legislativo anterior. Empero, como diría Vallejo, queda mucho por hacer. ¡AMÉN!