Génesis: crónica de una familia (Arkabas, 2018), de la escritora Evelyn García Tirado, es la historia del origen de una saga familiar y de su vinculación con una fe. Los protagonistas, desde el patriarca Pío Bautista, están relacionados con sectores rurales de Cajamarca –la casa hacienda de Shitamalca, Huayanay, el pueblo de San Marcos–, pero también con la religión católica, e igualmente con el culto de ciertos aspectos de la religiosidad andina. Los personajes habitan un mundo mágico con muquis (duendes andinos), apus (dioses de la montaña), minshulays (brujas devoradoras de niños), shapinkus (demonios del aire), y una serie de personajes como el Zorro David (“atoj”, en quechua), extraído de la mitología andina.

Más que una crónica, que es un género realista, esta es una novela mágico religiosa, que pareciera detenida en un tiempo arcádico, circular, aunque abarca un periodo de 70 años, desde 1872 hasta 1942. La única cala en el Perú republicano es la referencia a la Guerra con Chile, con descripciones vívidas sobre la batalla de Shitamalca entre iglesistas y caceristas (aunque sus fantasmas aún merodean sus ríos en pleno siglo XX).

La libido está a flor de piel de los personajes, pero también la tensión: hay disputas por propiedades o herencias familiares, celos y amores contrariados; a veces estos conflictos se resuelven con el envenenamiento, la traición o la muerte.

En los años 60, Génesis hubiera sido considerada la versión peruana de Cien años de soledad de García Márquez. No solo por su vinculación con la dimensión mágica tan propia de las realidades latinoamericanas, sino por su lenguaje prístino, poético. La lectura de Génesis fascina y renueva la fe en la literatura.