El miércoles 30 del mes pasado, fui invitado por mi dilecto amigo, el arquitecto Enrique Bonilla, a la presentación de una nueva edición de la revista de arquitectura de la universidad de Lima –LIMAQ– que contiene diversos artículos sobre el desafío de la ciudad consolidada.

Y sobre ello me llamó la atención la mención frecuente a la gentrificación, que como sabemos es ese fenómeno socioeconómico de transformación urbana que se produce con cada vez más frecuencia alrededor del globo, y a través del cual un barrio previamente industrial o habitado por estratos deprimidos se vuelve atractivo, previa renovación para ciudadanos de mayor capacidad adquisitiva.

En el corto plazo, ello redunda en beneficio de los habitantes tradicionales, pero al cabo de un tiempo la dinámica del mercado termina desplazándolos y la zona “de moda” se vuelve inhabitable para ellos.

En el Perú tenemos proyectos de recuperación del Centro Histórico de Lima que ejecuta Lima Arte Express y que dan paso a la restauración de propiedades. Debemos apuntar a que se mantenga la identidad y de manera no invasiva. Porque debemos tener cuidado en no recuperar solo para los ojos de los turistas, mas no para los ojos ni los corazones ni las almas de aquellos vienen viviendo décadas en la ciudad. ¿Qué ganamos recuperando el centro histórico cuando el centro histórico no es para la gente?

Por eso es importante que la gestión del alcalde de Lima, Jorge Muñoz, tome como prioridad la ley de la renovación urbana y de su reglamento en impulsar la construcción de viviendas sociales pero para aquellos que viven en la ciudad, no para nuevos residentes.

Lima de noche, más allá de la Plaza de Armas (hablo de Lima centro histórico) es una ciudad abandonada y desierta. El Rímac, en contraste, aún mantiene una población que habita en su centro histórico y debe profundizarse la política pública de mantener al vecino.

Se trata, en suma, de generar incentivos para una renovación urbana que devenga en una ciudad creativa, cultural, dinámica alegre y participativa para el vecino.

Tenemos que proteger a la gente pobre del Centro Histórico y darles las oportunidades para que generen impulso económico y no que vengan otros a generarlo y a gentrificar.

Porque la gentrificacion es en la práctica un proceso de segregación socioespacial que no debemos tolerar.