Una alocución parlamentaria del líder del Partido Popular Pablo Casado en España y el cuadro que mostró el candidato demócrata Joe Biden en el debate estadounidense dan cuenta de que en el mundo el Perú es el ejemplo de todo lo que no hay que hacer en cuanto a la gestión de la pandemia. La peor administración de la misma en el orbe. Es incontestable y vergonzoso ello y esa verdad, que viene con nitidez de los reportes extranjeros, será cada vez más difícil de dulcificar. En buena cuenta por ello las posibilidades de Vizcarra de quedarse en Palacio -por elecciones democráticas- son reducidas, o al menos parecen serlo por ahora. El peligro actual estriba en que la continuidad del poder conjugado que sostiene al moqueguano encuentre un elemento al cual digitar con comodidad. Una tarea que pareciera compleja.
Lamentablente todo hace suponer que su búsqueda ha sido rápida y eficaz, escogiendo a George Forsyth como receptor de las esperanzas de palacio de gobierno. La cobertura mediática y el apoyo con presupuesto público a su comuna dan cuenta de ello.
El ex futbolista no exhibe grandes cualidades intelectuales, no reivindica ideología alguna o corriente de pensamiento ubicable. Nadie sabe qué 4 o 5 ideas de reformas o políticas públicas pretendería impulsar en un gobierno suyo. No tiene equipo técnico conocido y menos un movimiento organizado. Su entrada a la política partidaria ha sido casi el de la compra mercantil de un partido ya existente, al que cambiará de nombre. Una carroza electoral sin más. Sus presentaciones televisivas son de una precariedad conceptual mucho mayor a las de Vizcarra y Humala, lo cual es alarmante.
Sin embargo es expuesto continuamente en la gran televisión y casi nunca en clave de crítica. Ello busca engranar con el clamor popular por nuevas alternativas políticas, por nuevos rostros. Ante la ausencia de opciones buscarían que su juventud termine siendo un atributo por el cual las mayorías nacionales deban apostar.
Forsyth es un alcalde sumamente mediocre, que no entiende el mundo popular, que castiga de manera inclemente, con apoyo de fuerza policial a los comerciantes, a la gente de Gamarra. Sin embargo no actúa con el mismo vigor contra la delincuencia que ha tomado el control del distrito. Si no ha podido entender el fenómeno de la informalidad en un distrito de la Lima central, no podrá entender lo que sucede en Puno, en el norte, en la selva, etc.
El disforzado giro comunicacional de cambiar su apellido de “Forsyth” a “Forzay” demuestra que con tal de generar recordación fácil a través de una castellanización medio burda es capaz de distorsionar algo tan sensible como su propia identidad. La ambición o la manipulación de la que es objeto parece que lo puede llevar hasta a renegar de sus propios genes.
Para todo efecto práctico George Forsyth es un invento del vizcarrismo. Una posibilidad de marioneta sumamente funcional a los intereses que pretenden mandar 5 años más en el Perú, como ya lo hacen desde hace 10 años. Votar o apoyarlo a él es avalar y aprobar la muerte de casi 100 mil peruanos y una economía devastada. Es votar por la impunidad de los que están destruyendo el país.