Desde la Municipalidad de San Isidro se creó, hace varias décadas, el servicio de serenazgo. Hoy, la mayoría de comunas distritales y provinciales tiene un cuerpo de serenos que coadyuva a la seguridad ciudadana y comunitaria en costa, sierra y selva. No obstante, la actual gestión edil de Augusto Cáceres Viñas, hace que desde San Isidro se dé un nuevo aporte eficaz e innovador para el resto de distritos del país.
Se trata de la creación de la Gerencia de Ética que viene dando logros concretos en el empoderamiento del servidor público, en materia de valores morales, el liderazgo y buenas prácticas, en el cumplimiento de los principios de integridad y lucha contra la corrupción. Lo importante es que el alcalde Augusto Cáceres ha demostrado que crear una gerencia no es sinónimo de burocracia, cuando se tiene claro el concepto de gestión y los criterios de racionalización.
Igualmente ha demostrado la eficacia de dicha gerencia pues, contrariamente a lo que muchos piensan -en el sentido de que en el país hay numerosas instituciones y órganos anticorrupción sin que el cohecho retroceda-, lo fundamental es que sí se necesita más prevención, mejor supervisión y alerta temprana contra los actos de inmoralidad pública; y ese es el papel, precisamente, que cumple el área de Ética de la Municipalidad de San Isidro.

Es decir, no se trata de cantidad sino de calidad pues por más que haya oficinas de control, Fiscalía y auditorías desde la Contraloría de la República, en Perú existe la desconfianza fundada del ciudadano al ver que, incluso en los poderes del Estado o instituciones como la Fiscalía, lo órganos de control interno están generalmente parcializados, aconchabándose con la impunidad y el infeliz enunciado de “otorongo no come otorongo”.

La ética e integridad son esenciales en la gestión pública y una gerencia como la descrita, bajo el liderazgo de un funcionario idóneo, que en el caso de San Isidro es Manuel Enríquez, y con funciones prácticas para promover normas y principios en el servicio público, no solo debe quedarse en el discurso sino también en el procesamiento célere de denuncias, con ojos bien abiertos para prevenir corruptelas, para alertar y adelantarse a los hechos, detectando debilidades o irregularidades por mínimas que parezcan.

En suma, los buenos ejemplos son dignos de imitar y si la corrupción innova para hacer el mal, el Estado, en este caso desde la iniciativa de la Municipalidad de San Isidro, no puede quedarse de brazos cruzados. Como dice Augusto Cáceres, no sólo se trata de hablar sino de actuar con resultados concretos.

@RafaelRomeroVas