Giampietri, como Cáceres, fue un héroe viviente

Giampietri, como Cáceres, fue un héroe viviente

El vicealmirante AP Luis Giampietri Rojas, exvicepresidente del Perú, fue un héroe vivo de la patria, exactamente como el Mariscal Andrés Avelino Cáceres Dorregaray. Su guerra no fue externa, como la del Brujo de los Andes, sino contra el terrorismo en nuestro país. El presidente Augusto B. Leguía paralizó a la Nación a la muerte del héroe de la Resistencia de la Breña, que partió por coincidencia del destino para nuestro Almirante, también en octubre, 6 días después, el 10 de este mes, del año 1923. Para comprender la magnitud de lo que el país debe tributar al Almirante Luis Giampietri, quisiera recordar que, cuando en vida el general ayacuchano, Leguía que le profesaba enorme respeto, mandó construir una casa para el afamado militar, que había sobrevivido a la impronta de la guerra de 1879, en la cual los peruanos tuvieran el privilegio de visitar y recibir de sus labios directamente el testimonio de lo que pasó en ese funesto episodio del siglo XIX. Esa casa que no pudo habitarla porque falleció un año antes del tiempo en que debía ocuparla -había sido prevista para el primer centenario de la Batalla de Ayacucho- Leguía, la cedió para que sirva de sede de la Benemérita Sociedad Fundadores de la Independencia, en la cuadra 4 de la Av. Arequipa. Sus exequias fueron multitudinarias y hubo duelo nacional por su partida.

La vida del almirante Giampietri, con toneladas de valentía por donde se la mire, merece ese tamaño de respuesta del Estado. Al cierre de esta columna, que se la prometí en vida, hace muy pocos meses, pues le dije que era como Cáceres, y se puso muy contento por ello, hallándome fuera del Perú, no he sabido de ninguna noticia por parte del gobierno. Quisiera recordar que Cáceres fue velado con guardia de honor de las escuelas Militar y Naval, en las que estuvieron todos los destacamentos acantonados en Lima y el Callao, de comienzo a fin en sus exequias, y aunque en circunstancias distintas, como la del almirante Giampietri, Alan García presidió el cortejo fúnebre del vicealmirante AP Gerónimo Cafferata Marazzi, asesinado por Sendero Luminoso. El país le debe mucho a la Marina de Miguel Grau, Cafferata, Juan Carlos Vega Llona, etc. He pedido como excanciller del Perú un minuto de silencio ante su partida a las delegaciones con las que he tenido interacción aquí en el marco del 78° período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, aquí en Nueva York, relatando su gesta durante el tiempo en que estuvo en la condición de rehén en la embajada del Japón en Lima, en 1996, habiendo sido incluso, como cautivo, artífice de su propia liberación y de los otros 71 rehenes. Lo visité en su casa en La Punta y pude ver con mayor pausa su sabiduría como marino y hombre de Estado. No le vi odio, pero sí tristeza porque hubiera compatriotas descarrilados sin importarles el Perú, esos que le hicieron la vida imposible, queriéndolo en vano atormentar con juicios. No se amilanó jamás. Giampietri era de acero. Como Miembro de Número del Instituto de Estudios Histórico-Marítimos del Perú, membresía que el Almirante también tuvo en vida, pido públicamente para que se nombre una Comisión del IEHMP que lleve adelante el homenaje que el Héroe Nacional, Luis Giampietri Rojas, se merece y pido al Ministerio de Educación que su figura descollante sea incluida en la currícula escolar para que la memoria colectiva de los peruanos tenga presente que en el siglo XXI tuvimos un héroe viviente.

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