Cada día que pasa desde que Francisco Sagasti asumió la Presidencia del Perú, vamos conociendo que su papel no pasa de ser una fachada, pues es Gino Costa quien vendría ejerciendo el poder desde la sombra. Ya no queda en pie ninguna de las razones que el Ejecutivo dio para sostener el golpe institucional contra la Policía Nacional del Perú (PNP), el general Cluber Aliaga, en su condición de ministro del Interior desmintió tanto a Rubén Vargas como al mismo Sagasti, sobre las falsas imputaciones que se hizo por la muerte de dos jóvenes durante las marchas y demostró que existió actos de violencia por parte de un sector de los manifestantes. También demostró la ilegalidad del pase a retiro de los generales por escogerse al favorito. Sin embargo, el Gobierno no da marcha atrás ni se ha rectificado, todo lo contrario, insiste en una refundación de la PNP cuyo verdadero objetivo sería el de tomar por asalto esta institución y luego las Fuerzas Armadas, con la finalidad de perennizarse en el poder, así suenan las campanas de dictadura al estilo de nuestro país vecino de Venezuela, donde Nicolás Maduro se mantiene en el poder gracias al sometimiento de las Fuerzas Armadas.

Lo que sería un gobierno de transición estaría siendo usado por el gobierno morado para capturar el poder por los siguientes 5 años, están usando nuevamente malas artes como la violencia que los llevó al poder y ahora copando el aparato estatal, con una repartija hambrienta que les permite valerse de sus recursos para llevar ventaja a cualquiera.

Se esperaba que el gobierno de transición garantizara la realización de unas elecciones limpias, esto está lejos de suceder con el presidente Sagasti y actual candidato a la vicepresidencia de Julio Guzmán. La censura y la persecución no han desaparecido, ahora se alistan para destruir a los partidos políticos que representen una amenaza, avisados están.