La mayoría congresal que votó para que continúe instalado en palacio de gobierno un presidente comprobadamente mentiroso, un tramposo evidenciado, un vil traficante de influencias -como Martín Vizcarra- debe explicarle al país cómo le garantizará que este falsario Vizcarra no modifique la voluntad del pueblo para favorecer -en las elecciones generales de 2021- a la izquierda progre-comunista que lo tiene chantajeado. Sin duda Vizcarra maneja una red de corrupción. Como esta que ha destapado su ex secretaria. Porque, amable lector, traficar influencias, esconder pruebas (al menos la Fiscalía ha recuperado 27,000 correos electrónicos que, por orden superior, fueron borrados de la bandeja presidencial) y digitar las declaraciones de subalternos ante el Parlamento y la Fiscalía, como ha hecho Vizcarra, implica que el presidente de la República manejaba una organización criminal desde el recinto presidencial. Un antro de corrupción puesto a disposición de una mafia que medra del Estado a través del todavía mandatario. Ante tamañas evidencias, ¿qué confianza podría tener el ciudadano en que Vizcarra no ordene hacer esto mismo, pero ahora relacionado al proceso electoral en ciernes? ¿O acaso no haría lo mismo con las elecciones, utilizando al periodismo comprado con los millones de soles que no reciben Sanidad, Educación o Seguridad Ciudadana? Como el ejemplo de El Comercio, tal cual informó detalladamente EXPRESO en su edición de ayer, que sigue comportándose como vocero oficial de este gobierno, apañándole los delitos y las trampas a un, ahora sí, totalmente desacreditado Vizcarra.
Es lamentable que el Parlamento actual -elegido a consecuencia del golpe de Estado que dio un deshonrado Vizcarra para contar con un Congreso manipulable- haya dado muestras de ser más bien un adorno antes que un auténtico poder del Estado. Porque en lugar de demostrar con hechos lo que tanto alardearon los congresistas durante las doce horas que duró el debate para la vacancia presidencial, al final del día la mayoría votó en contra de las casi unánimes expresiones a favor de la vacancia registradas en el diario de debates. Pero entonces, ¿qué fue lo que ocurrió para que se produzca semejante falta de sindéresis entre quienes presuntamente constituyen el contrapeso del poder frente un omnipotente Ejecutivo que dirige una banda criminal presidida por Vizcarra? Pues sencillamente funcionó el chantaje mediático. Una coerción montada por el oficialismo, contratando a la prensa encanallada con dinero público para que, usando sus cañones televisivos, diaristas, radiales, amedrantase a los legisladores desplegando su apocalíptica cortina de humo para colocarlos –ante la sociedad- como responsables de que explote este país, en caso se atreviesen a vacar al mentiroso. En síntesis, a la actual representación parlamentaria le faltó eso que ponen las gallinas.
En este orden de ideas, ¿usted cree aceptable, amable lector, que las elecciones del año entrante sean dirigidas por representantes de un Estado fallido; mitad corrupto mitad acobardado, sin que ocurra el trasiego de influencias del poder fáctico que dirige la progresía marxista decidida a alterar desde la digitación de candidatos, el desarrollo de la campaña, el manejo publicitario y, consecuentemente, el resultado final?