Analizábamos en nuestro artículo de la semana pasada, la razón por la cual el presidente Castillo, a pesar de los gravísimos cuestionamientos que pesan sobre casi todos los miembros de su Gabinete, envió al primer ministro Bellido con todos aquellos a solicitar la investidura con un voto de confianza luego de un discurso que decía mucho, pero con casi nulas posibilidades de materialización.

La jugada le salió perfecta. Dividió a los congresistas de oposición y obtuvo votos impensables de representantes que ahora dicen que apostaron por la gobernabilidad cuando todos escuchamos un discurso que ofrecía todo sin mostrar capacidad de hacer nada, a sabiendas que con ministros tan cuestionados hablar de gobernabilidad era un contrasentido.

Sin embargo, siendo expertos en el manejo político, con el voto de confianza el Ejecutivo logró “santificar” a los ministros cuestionados, habiendo quedado el Congreso humillado y de rodillas.

Oleado y sacramentado el Gabinete de la ingobernabilidad, el presidente Castillo sin hablar de proyectos de desarrollo específicos ni de soluciones concretas frente al desborde de los precios en los mercados y en todos los bienes y servicios, ha salido de paseo por todo el Perú lanzando discursos de confrontación entre ricos y pobres, entre provincianos y capitalinos, exacerbando la llamada lucha de clases. El discurso en el Vraem desafiando a los congresistas a un debate (inaceptable constitucionalmente) allí en ese lugar, con los pies descalzos y labrando la tierra en tales condiciones cuando lo razonable era proponer soluciones para que la tecnología llegue a la zona con una adecuada infraestructura de carreteras o caminos para que nadie tenga que estar labrando la tierra sin zapatos, demuestra lo que afirmamos.

Está resultando evidente que quien gobierna no es el presidente sino el Partido Comunista Marxista Leninista, no sabemos aún si maoísta o castrista porque este deslinde será una cuestión de ruptura al interior del grupo que lidera el presidente Castillo y ya estamos ante la persecución de Cerrón y el intento de desaparición de Perú Libre por presuntos delitos de corrupción y lavado de activos.

Lo que vemos con la férrea defensa del hasta hoy ministro de Trabajo es que el sector maoísta viene imponiendo condiciones y, nos parece, cuidando mucho de no precipitarse hasta no consolidarse en el poder para lograr el gran objetivo de la “solución final con amnistía general” con la cual puedan liberar a los líderes de Sendero.

En tal sentido debemos observar con mucho detenimiento el reconocimiento de la facción filosenderista del gremio magisterial que pretende quitarle a Patria Roja el control de la Derrama y la representación del magisterio, trabajando en paralelo, desde palacio de gobierno, la constitución y registro del Partido Político Magisterial.

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