Una vez más el gobierno, frente a las crisis generadas por el Covid-19, demuestra falta de oportunidad y precariedad narrativa en sus acciones de comunicación. El uso limitado que hace de la multicanalidad, que hoy permite una difusión más efectiva, se suma al equivocado punto de partida en su concepción de la interacción comunicativa.

Un error que cometen quienes concibieron la tan esperada campaña iniciada el domingo es partir de un falso supuesto. Que los ciudadanos irresponsables son cómplices de asesinato (o intento de asesinato). Si este razonamiento fuese cierto, tendría que aplicarse también al gobierno, confirmando también su complicidad, pues a diario miles de peruanos mueren por la inacción de algunos de sus funcionarios.

Resulta increíble, por cierto, que los expertos de la PCM rompan una regla básica del marketing: No utilizar NO en su llamado a la acción (call to action). La campaña del gobierno utiliza NO por partida doble: EL COVID NO MATA SOLO. NO SEAMOS CÓMPLICES. Doble negación de una realidad que, al parecer, se les escapó hace buen rato de las manos, especialmente en el ámbito de gestión.

Preocupa también que algunos ministros afirmen públicamente que los dos últimos domingos encerrados estarían dando resultados en la disminución de la velocidad de contagio y el número de muertos. Pero cualquier epidemiólogo que se respete sabe, perfectamente, que esta baja tiene 10 días de trámite (fotografía del comportamiento de una quincena atrás). Esto demostraría el oportunismo de algunas autoridades para atribuirse como logro el comportamiento natural del virus. Esas famosas olas que suben y bajan, seguirán mientras no tengamos una vacuna que evite sus nocivos efectos.

Si este escenario de confusión entre una mala gestión y comunicación se ve invadido por frases temerarias que indican que estaríamos en la ¿fase final de la pandemia?, nuestros niveles de alarma se elevan hasta la décima potencia.

¡Cuidado! Saludamos el esfuerzo del gobierno por decir lo que no se había dicho hasta hoy, pero hay que hacerlo con la calidad adecuada. Si llegar último en la fila ya era un grave problema, caminar en sentido contrario podría resultar suicida.